Sueños triunfales
Ayer, entre la turbamulta televisiva que nos abrasa en este final de verano, vislumbré que los años que nos quedan por vivir dejarán constancia de que el ser humano, en este nuevo alborear del siglo, es una especie que alguien hubiera debido extinguir hace ya tiempo. Imagino que ya sospecharán que lo que me provocó esta reflexión no es otra cosa que los primeros compases de Operación Triunfo. Jóvenes aquejados de “triunfismo” eran aceptados o eliminados indistintamente según unos jueces con el alma desmigada. Entre las perlas que soltaron dos excluidas del paraíso, destaco estas maravillas (léanse siempre entre sollozos, espasmos teatrales y algún que otro grito quebrado):
- “Esto es increíble. No me han escogido. Éste era mi sueño y ahora tendré que trabajar como mi padre: de ocho a tres”.
- “He estado toda la mañana cantando en la cola; la gente sólo sabía decirme ‘que bien cantas, tía’. Y ahora me echan. ¿Por qué me dice todo el mundo que canto bien y luego no entro en la Academia? Ya no sé a quién creer”.
En fin, saquen sus conclusiones y háganmelas saber. Está claro, viendo a la excluida nº 2, que uno no se puede fiar de nadie. Piranesi, en su lecho de muerte y mientras que alguien de su casa reclamaba la presencia urgente de un médico, pedía que le llevaran su volumen de Tito Livio: “es del único del que me puedo fiar”.

