12/11/2006

Claqué I

L. se volvió a casar porque así lo quiso el destino. Su segundo marido, J., cuando aún no tenía conciencia de que lo iba a ser, coincidió con ella una noche primaveral a las orillas de una piscina con un penetrante aroma a cloro. Tras derrocar a la noche con el haz de luz de sus faros, J. llegó a un hotel donde insospechadamente le aguardaba el amor. No pudo menos que calcular, al observar los restos de vida que se acumulaban en el parachoques de su coche y en algunos tramos de las ruedas delanteras, que en total había fulminado a un perro sarnoso; una liebre, petrificada en medio de la carretera para recibir dignamente el golpe; un sapo, al que tuvo tiempo de ver dar dos saltos antes de escuchar un gelatinoso crujido; y una culebra (el sonido de un cable destripado se le coló hasta las regiones más inhóspitas del estómago).

Al mismo tiempo que J. intentaba adivinar qué tejido de los adheridos a su coche pertenecían a una u otra especie, L. libraba una descomunal batalla en la habitación del hotel con K., su primer marido. En la noche crucial de las semifinales, había vuelto a ingerir Martinis como para amodorrar a Polifemo y a unos cuantos cíclopes más: K. abre la puerta, adelanta en ridículo equilibrio el pie derecho, escorzo de discóbolo, impulso, media vuelta fallida, encuentro fatal con una mesa estilo remordimiento, devaneos gravitatorios, acompañado con vaivenes atrás y adelante, y, finalmente, beso a la moqueta. L. comienza a llorar desolada y a empalmar cigarros de forma maquinal: la dipsomanía de K. se aviene mal con el baile en pareja en su modalidad de claqué. Desde el suelo el marido le reprocha su incapacidad para abandonar el tabaco de una vez por todas: “En los últimos tres minutos de la coreografía te asfixias como una tísica”. En venganza, ella se da a la tarea de mascar con los ojos inyectados en sangre y lágrimas toda la tableta de chicles de nicotina que ha encontrado en su bolso después de tirar sobre el suelo un spray antihalitosis, un recibo de alquiler de un smoking, un juego de peines y una foto de Gene Kelly. Una masa brillante e informe le llena la boca y hace que por las comisuras de sus labios se vierta una secreción color gris macilento; entre el llanto apenas puede tomar aire. (Continuará)

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Comentarios
1 - ¿ Y el pelo?, ¿ cuando se ardillea? (Comment this)

Escrito por: Marcelo at 2006/11/13 - 11:08:23
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