Praga 10
Después de abrevar en todos los garitos expendedores de cerveza de la ciudad, cogíamos un metro que horadaba la tierra y la oscuridad de los túneles para llevarnos hasta Praga 10, a una residencia militar reconvertida en hotel para parias del turismo empaquetado. Allí era donde Praga sólo era una esquina residual de un lugar de extremada belleza y donde pasaba a convertirse en un enmarañado cruce de calles con aceras quebradas por los árboles y casas grises de jardines cuidados por las estaciones más que por sus dueños. Un oleoducto procedente de Ucrania y de Bratislava desembocaba en el gran complejo petroquímico que se atisbaba desde nuestra ventana de hotel. Si te levantabas a las cinco de la mañana para expulsar parte de lo que habías ingerido el día anterior, la escena era apoteósica: un Vesubio de múltiples cráteres se recortaba sobre el rojo índigo que ocupaba todo el horizonte. Evidentemente, no tenías más remedio que sentarte a los pies de la cama, conjurarte contra tu propia vejiga y mirar extasiado la grieta por donde se justificaba el mundo.


Un beso y espero verte pronto Manolillo.
PD: TOMA LIMÓN!!!!OOOOOOHHH SIIIII (Comment this)