20/03/2007

Vidas minúsculas

¿Cómo biografiar a los espíritus de los que se fueron, a esas sombras familiares que nos inquietan y de las que sólo conocemos retazos de sus alientos? ¿Cómo completar el vacío de la memoria? ¿Cómo recorrer los aposentos que la realidad escoge para esconderse para siempre y quedar allí, moribunda y polvorienta, hasta desaparecer? Esto es lo que propone el escritor francés Pierre Michon en su libro Vidas minúsculas: un ajuste de cuentas con la realidad y el olvido mediante el zurcido de la ficción. Acaso, ¿qué otra cosa es escribir?

En una de sus “vidas minúsculas”, la primera, André Duforneau vuelve a la vida legitimado por una breve frase que recuerda la abuela del narrador, Elise: “volveré de allí rico, o moriré”. Michon agarra ese cabo, tira de él con resuelta imaginación y crea un breve universo de recuerdos en el que poder colocar la vida de alguien que él mismo no conoció.

Todas estas vidas son gotas de mercurio escurridizas en su memoria, meros artefactos de ficción que sirven para crear un tiempo lejano e inalcanzable, además de actuar como un consuelo. Admiro a Michon por tal proeza. Yo, instalado en el mundo por el azar, tal vez por el amor, y la confluencia de líquidos trasvasados entre genitalias de diferentes sexos, no alcanzo más que a poner unos nombres ferruginosos a bisabuelos que jamás veré cómo se peinaban, cómo posaban en daguerrotipos inencontrables (si alguna vez existieron) o cómo jugaban con sus hijos. El tiempo familiar escrito (los árboles genealógicos) es un lujo que las clases medias iletradas no tuvieron oportunidad de atrapar. Sólo la aristocracia puede subir a las ramas trepando por el tronco. Para los demás, el tiempo ha talado parte del fuste que lo sustentaba, quedándonos únicamente la posibilidad de ver la vida de las cercanas ramas que nos dieron la savia para vivir. Por todo ello, creo que el librito de Michon resulta de una sensibilidad gigantesca.

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Comentarios
1 - Míralo por el lado bueno...Si yo pudiera escalar por mi árbol genealógico tendría que dejar de ser la sobrina-tataranieta de un afamado bandolero de Sierra Morena que perteneció a los "Siete niños de Écija" y me sería imposible lamentarme por mi tía tatarabuela Emilia, que se casó con un acaudalado sudamericano y fué estafada por su abogado al morir éste, perdiendo su fortuna y la oportunidad de volver a España para compartirla con su familia...
La memoria selectiva, sesgada e imaginativa de mis antepasados ha hecho posible ambas historias, que, de poder ser contrastadas o verificadas, probablemente dejarían al descubierto una realidad más triste, mísera, e incluso indigna. (Comment this)

Escrito por: Anónimo at 2007/03/22 - 16:44:42
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