Portugal, Portugal.
S. habla español con acento de Pino Novo, localidad próxima a Lisboa donde ha vivido intermitentemente a lo largo de su vida. La profesión de su padre la llevó a compartir pupitres con católicos en Tel aviv, con rubicundas adolescentes en Londres y con locuaces ragazzi en Italia. De todos estos mundos, fue Israel el que le dejó una impronta más profunda en su memoria. S. narra con desenvoltura sus jornadas en el mercado de Tel- aviv, al que acudía con la madre a un juego de regateos y gritos luso-hebraicos ininteligibles para cada una de las partes implicadas (vendedor-compradora), pero que tenían como fruto un precio ajustado y una carne más próxima a la de la especie que en un principio se pidió. Habló también de playas paradisíacas que eran desalojadas en cuestión de minutos a la espera de una deflagración cuando un palestino se sentaba frente al mar.
Pero estos cuentos, de alguna manera sospechados por todos, palidecían al lado del relato de una situación que no por más cercana, mejor conocida: la grave crisis socio-económica que está dejando a Portugal exhausta. La Lusitania ofrece a sus hijos trabajos en precario, ausencia de subsidio de desempleo y una seguridad social a la que hay que entregar dos euros en metálico cada vez que se acude a la consulta del médico. Estas vidas exiguas tienen su paralelismo, como no, en nuestro suelo patrio. Espido Freire los ha diseccionado en un ensayo llamado Mileuristas. Retrato de la generación de los mil euros (título que se me antoja excesivamente dadivoso en vista de que algunos no llegan ni a los 600). Leyendo el Diário de Notícias me encuentro con un triste paralelismo que nos hermana con nuestros vecinos y que le da una cruel veracidad al fresco que nos pintó nuestra amiga portuguesa: en el blog de Rita Cruz, componente del movimiento contra la precariedad que ha aparecido en su país, se habla de la "Geração 500 euros". Tanto una expresión como otra resultan benevolentes en ambos países, sobre todo, cuando algunos trabajadores amontonan nóminas (en el caso de que las tengan) por valores muy alejados de esas cifras.
Desconozco cómo va a salir Portugal de este embrollo. El envoltorio crisoelefantino con el que una Bruselas capitalista quiere revestir a ciertos países de cola no casa bien con una economía aquejada de síntomas de muerte, cuyos gobernantes, como pasa en Portugal, aún están ante el dilema de si se abren las grandes superficies los domingos y días feriados o se defiende a capa y espada “as empresas familiares e o descanso dos trabalhadores”. Hay algunos que aún no se han enterado, mal que nos pese, de que nadamos en procesos coyunturales de irremediable aceptación.
Para que nadie se me queje. Robándole a mi amigo David un poco de lo bueno de su bitácora, les regalo unas vistas del proyecto de Jorge Lens, que documenta de forma fotográfica a partir de los letreros tradicionales (maravillosos) cómo el ritmo económico de la ciudad norteña de Braga es el epítome de todo un país. Ojalá nada mutara.
Por cierto, el viernes 23 Fritanga cumplió un añito. Me gustaría agradecer a todos los lectores su paciencia y ayuda. Habrá que celebrarlo. Se admiten ideas.


Yo tampoco puedo ver las palavras a la derecha de la foto!!!
Me encanta!!! (Comment this)
Mi anciana tía abuela siempre nos decía que los portugueses no son de fiar, que, a la primera que tienen, te la meten doblada. Mala gente, peña chunga.
Cuando las pesetas siempre nos la endiñaban igual: 100 pesetas son 100 escudos. Pero claro, taimados como son, siempre se las arreglaron para que su industria de la toalla de puro rizo y la venta de pollos del tiempo no se resintieran.
Si ahora les va mal es seguro porque ya no nos pueden timar, gracias al euro.
Y que conste que esto no lo pienso sólo yo, que está demostrado por unos estudios.
Por otra parte, ¿cómo y cuándo se celebra el primer aniversario de este sitio? Será de gratis, ¿no? Si es gratis y van tías, contad con el Gran Humungus. (Comment this)
Mi anciana tía abuela siempre nos decía que los portugueses no son de fiar, que, a la primera que tienen, te la meten doblada. Mala gente, peña chunga.
Cuando las pesetas siempre nos la endiñaban igual: 100 pesetas son 100 escudos. Pero claro, taimados como son, siempre se las arreglaron para que su industria de la toalla de puro rizo y la venta de pollos del tiempo no se resintieran.
Si ahora les va mal es seguro porque ya no nos pueden timar, gracias al euro.
Y que conste que esto no lo pienso sólo yo, que está demostrado por unos estudios.
Por otra parte, ¿cómo y cuándo se celebra el primer aniversario de este sitio? Será de gratis, ¿no? Si es gratis y van tías, contad con el Gran Humungus. (Comment this)