16/04/2007

La dieta del dragón radio

En estos enconados tiempos se nos hace difícil toparnos con seres fabulosos. Los bestiarios medievales, que tan provechoso uso siguieron teniendo en los siglos siguientes a la vista de los maravillosos libros que se conservan (el Libro de las maravillas del mundo (1521) de Mandeville, la Cosmographia (1544) de Sebastian Münster, la Historia de Gentibus Septentrionalibus (1555) de Olaus Magnus, el Prodigiorum ac ostentorum Chronicon (1557) de Lycosthenes, la Historia Animalium (1558) de Gesner, la Monstrorum Historia (1642) de Aldrovaldi o el Mundus subterraneus (1678) de Kircher) nos resultan excesivamente distantes y mal avenidos con una era sumida en asuntos meramente prácticos. ¿Dónde quedan si no los hombres-lobo, los hombres-burro, las harpías, los basiliscos, los Batuanes (u hombres-espárrago), las sirenas, las fieras corrupias o los acéfalos? Alguno habrá entre ustedes que no dudarán en relacionar toda esta nomenclatura fabulosa con algunas de las profesiones más relevantes de nuestro tiempo.

Pero, ante tan flagrantes ausencias, es motivo de regocijo el hecho de encontrar en este yermo páramo un dragón. El padre de la criatura es mi amigo Lan, que con denodado tesón ha estado criando a la sierpe alada, alimentándola de extraños frutos. Lan, experto absoluto en la vida de estos animales, argumenta que el hecho de poseer un dragón, a pesar de su mala prensa, lo emparenta con los criadores del cerdo ibérico. Al igual que ocurre con el marrano bellotero, del dragón se aprovecha todo: las escamas para hacer filtros de amor, la sangre como base química para bebedizos mortíferos, el corazón y el hígado (como decía Filóstrato que ocurría al comerlos) para conocer el lenguaje de los animales, etc.

A estas alturas nadie pondrá en duda que los beneficios que pueden aportar estos monstruos son numerosos, aunque algunos se afanen en admitir que engullen carne humana al por mayor o que maman de los pechos de bellas jóvenes seducidas a golpe de mirada aviesa. Pues bien, La dieta del dragón ha de provenir, a sabiendas de que la combustión que surge de sus fauces es un atributo indispensable de la criatura, de un estómago donde convivan cerillas, antorchas, hachones, aventadores, carbón, pedernal y eslabón. Todo debidamente dispuesto para el tueste y el chamuscamiento. Así pues, en el abdomen escamado del bicho el gran Lan ha aposentado las brasas adecuadas para acabar con tanta ñoñez y vacuidad. La dieta del dragón es, en definitiva, una e-radio atrevida, sin línea editorial definida (como Fritanga), que apuesta por poner entre la espada y la pared a todos aquellos que afirman que les gusta todo tipo de música. Thelonious Monk jamás soñó con compartir cartel con el roquero Silvio (no confundir con el Rodríguez) Emilio el moro, Golpes bajos, Pachelbel, Mikael, Borges, Aretha Franklin, Faemino y Cansado o Mano Negra. Pruébenla, comenten y den a conocer sus impresiones.

Una noche Charlie Parker, mientras descansaba del primer pase de un concierto y fumaba un pitillo en la puerta de servicio de un garito de Chicago, le dijo a Dizzy Gillespie: “Nadie necesita esta música para sobrevivir, pero no deja de ser grandiosa”. Pues ahí está.

Posted by at 17:30:29 | Permanent Link | Comments (1) |
Comentarios
1 - ¡menuda decepción! La radio no se escucha....¿funciona o no?
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Escrito por: papelon de pescaíto frito at 2007/04/20 - 17:26:17
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