Baños [sin] árabes.
Al hilo de lo vivido en el día de hoy, e intentando apaciguar el estado del alma de mi amigo J.B. (pueden ver su polémica en la letra e), desgrano aquí dos perlas soltadas por mis camaradas de barco:
“Todo el mundo puede hacerse un regalo de 24 euros”. Este aforismo aludía a que “todo el mundo” se puede permitir una jornada en los apastichados baños árabes que proliferan por nuestra futura nación andaluza. La que esto decía no vio anoche el estupendo documental del maestro Erquicia sobre la pobreza en el primer mundo y como el personal paga alquileres de 800 euros cuando gana 700.
“Yo sí conozco pobres: gente que gana mil euros al mes”. Diamante labrado por otro humano con el que comparto el aire.
Es evidente que la clase media funcionarial cree que todo el personal es de su condición, y desconoce el valor de la mano de obra en muchos sótanos oscuros y mal ventilados donde individuos que se llaman García o Navarro trabajan 11 horas al día.
Nuestras segmentadas ciudades nos dan la oportunidad de observar la pobreza como un espectáculo ajeno y distante. Sigamos adelante, es improbable que compartamos el caldarium con esos seres de ficción.
En nuestra aldea global, efectivamente, hay muchos pobres. Lo que ocurre es que cada vez es más difícil contarlos. A los que son pobres de verdad, que siguen ahí, engrosando estadísticas sonrojantes y cada vez más distanciados de los que tenemos la suerte de recibir una nómina a fin de mes, se suman los pobres de corazón; los que, viviendo por encima de sus posibilidades, se sienten desafortunados por tener que hacer un uso reiterado de visas y otros plásticos para aplazar sus pagos y satisfacer sus veleidades; los que no cejan de mirar con el rabillo del ojo al vecino de al lado, que se lleva a su familia numerosa cada fin de semana al apartamento que tiene en una playa idílica a bordo de un monovolumen de ensueño.
Por eso me quedo con gente como Evo Morales, transparente, auténtico, necesario. Porque siente la pobreza de su pueblo y actúa en consecuencia. Los que no ven más allá de las formas (y todavía hacen chistes fáciles a costa de su famosa chompa), no podrán comprender nunca la sana y trascendental intención de sus decisiones. Seguirán padeciendo mal de altura (’soroche’ en aymara) y confundiendo, por ejemplo, la coca con la cocaína.
He leido más arriba: “Evo Morales, transparente, auténtico, necesario”. Hay algo casi tan perjudicial para Latinoamérica como la miseria: el populismo y la demagogia.
Recuerdo que se decía de Fujimori, ese hombre, que era el candidato del pueblo frente a Vargas Llosa, ese gran reaccionario. Todos sabemos cómo acabó esa gran aventura. También se dijo de Lula que era necesario, o auténtico, o cosas por el estilo, y ahí lo tenemos defendiendo como si estuviese en nómina los intereses de Petrobras frente al auténtico y necesario monigote boliviano. Hagan sus apuestas, a ver cuánto dura esta nueva gran aventura tranquilizadora de conciencias de progresistas a distancia con nóminas públicas que no permiten pagar alquileres, sino hipotecas de importes respetables.