Ars masturbatoria
Un día, Flaubert le mandó a su amante, Louise Colet, una rosa cortada del jardín de su madre con una nota: “Duerme esta noche con ella entre los muslos; algún día te rociaré los pechos con agua del Mississippi”. No me digan que el cortejo epistolar no resulta sonrojantemente romántico. El amigo Gustave tuvo una correspondencia larga con su amante, a la que, según dicen, pocas veces acarició en el tálamo. De todas formas, los comentarios del francés palidecen al lado de los de James Joyce, procazmente subidos de tono. Hay que tener en cuenta que Flaubert venía herido por los estertores del romanticismo, mientras que Joyce recorría la llanura literaria de siglo XX montado en la cabalgadura de la vanguardia. No me resisto a copiarles a ustedes unos fragmentos de algunas de sus misivas obscenas enviadas desde Dublín a su mujer Nora, que por aquel entonces vivía en la adriática ciudad de Trieste. En ellas le pregunta sin pudor alguno sobre el pasado y el presente de sus relaciones sexuales:
“Cuando aquella persona… te metió la mano o las manos bajo las faldas, ¿te acarició sólo por fuera o te metió el dedo o dedos? Si lo hizo, ¿llegaron lo bastante arriba para tocarte esa pequeña polla al final de tu coño? ¿Te tocó por detrás? ¿Estuvo mucho rato acariciándote y te corriste? ¿Te pidió que le tocaras a él? Si no le tocaste, ¿se corrió él contra ti y tú lo notaste?”. En otra afirma: “Esta noche… he estado tratando de imaginarte masturbándote el coño en el retrete. ¿Cómo lo haces? ¿De pie contra la pared acariciándote bajo la ropa o te sientas en el hueco con las faldas levantadas y la mano a toda máquina (el subrayado es mío) por la abertura de las bragas? ¿Te entran ganas de cagar? Me pregunto cómo harás. ¿Te corres mientras cagas o te masturbas hasta el final primero y cagas luego?”
¿Qué les parece la minuciosidad del querido Jimmy? Desde luego, Flaubert, junto a este monstruo del detalle, no es más que un cursi y un pusilánime. Aun así, sigo prefiriendo Madame Bovary al Ulises. Por cierto, Nora jamás se dignó a leer tal obra. Cuando una vez le preguntaron sobre su amado esposo dijo: “Es un fanático”.
Os quiero a todos.



