Thursday, November 23, 2006

Ars masturbatoria

Un día, Flaubert le mandó a su amante, Louise Colet, una rosa cortada del jardín de su madre con una nota: “Duerme esta noche con ella entre los muslos; algún día te rociaré los pechos con agua del Mississippi”. No me digan que el cortejo epistolar no resulta sonrojantemente romántico. El amigo Gustave tuvo una correspondencia larga con su amante, a la que, según dicen, pocas veces acarició en el tálamo. De todas formas, los comentarios del francés palidecen al lado de los de James Joyce, procazmente subidos de tono. Hay que tener en cuenta que Flaubert venía herido por los estertores del romanticismo, mientras que Joyce recorría la llanura literaria de siglo XX montado en la cabalgadura de la vanguardia. No me resisto a copiarles a ustedes unos fragmentos de algunas de sus misivas obscenas enviadas desde Dublín a su mujer Nora, que por aquel entonces vivía en la adriática ciudad de Trieste. En ellas le pregunta sin pudor alguno sobre el pasado y el presente de sus relaciones sexuales:

“Cuando aquella persona… te metió la mano o las manos bajo las faldas, ¿te acarició sólo por fuera o te metió el dedo o dedos? Si lo hizo, ¿llegaron lo bastante arriba para tocarte esa pequeña polla al final de tu coño? ¿Te tocó por detrás? ¿Estuvo mucho rato acariciándote y te corriste? ¿Te pidió que le tocaras a él? Si no le tocaste, ¿se corrió él contra ti y tú lo notaste?”. En otra afirma: “Esta noche… he estado tratando de imaginarte masturbándote el coño en el retrete. ¿Cómo lo haces? ¿De pie contra la pared acariciándote bajo la ropa o te sientas en el hueco con las faldas levantadas y la mano a toda máquina (el subrayado es mío) por la abertura de las bragas? ¿Te entran ganas de cagar? Me pregunto cómo harás. ¿Te corres mientras cagas o te masturbas hasta el final primero y cagas luego?”

¿Qué les parece la minuciosidad del querido Jimmy? Desde luego, Flaubert, junto a este monstruo del detalle, no es más que un cursi y un pusilánime. Aun así, sigo prefiriendo Madame Bovary al Ulises. Por cierto, Nora jamás se dignó a leer tal obra. Cuando una vez le preguntaron sobre su amado esposo dijo: “Es un fanático”.

Os quiero a todos.

 

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Wednesday, November 22, 2006

La felicidad en los supermercados

Recuerdo remotamente las evocaciones rusas del grandísimo Vladimir Nabokov. He de reconocerlo: retengo mal lo que leo. Pero sí que no he dejado de pensar que Habla memoria acumulaba pasajes de la infancia feliz del escritor antes de que la llegada de los bolcheviques truncara la felicidad de los rusos blancos. En especial me produjo momentos de gran placer el pasaje donde contaba cómo recorría las inmensas salas del Hermitage para robarle besos a hurtadillas a una novia adolescente. Les aconsejo su lectura para estas navidades.

Todo ello me vino a la cabeza gracias a un encuentro en el supermercado con Irina, una joven rusa que conocí por medio de una amiga. Me contaba que fue a París la semana pasada para visitar a Michel. Después de tener que pedirle al mismo tipo que le vendió una tarjeta telefónica en el aeropuerto que le marcara el “pin” (“sólo sé hablar ruso y español; suficiente”), logró finalmente encontrarse con su anfitrión. Pienso que Irina esconde en las palmas de sus manos una sensibilidad desacostumbrada en estos descarnados tiempos, una forma de contar que deja a un lado prejuicios, distancias y formalidades estériles. Me narró (sólo la he visto tres veces en mi vida) que fueron cuatro días de mucha intensidad: comió ternera cruda, bebió Burdeos, visitó la tumba de Wilde en el Cementerio de Père-Lachaise (un niño de apenas catorce años leía El gigante egoísta de rodillas ante el túmulo del escritor tiroteado por un millón de besos de carmín), y surcó los larguísimos pasillos del Louvre. Emocionada narraba que la visión de todas aquellas obras de arte le traía a la memoria estampas de su infancia en San Petersburgo, y que su madre, admiradora de cuadros que no llegó a ver porque jamás recorrió la piel de la distante Lutecia, para apaciguar el alma, se dedicó a atesorar en forma de postales las pinturas que amó desde la distancia. Irina lloró ante el “San Sebastián” de Mantenga, ante “La Virgen de las rocas” de Leonardo, ante “Las bodas de Caná”, ante “La Bañista” de Ingres y ante “La balsa de la Medusa” de Géricault, sencillamente, porque su madre jugaba con la pequeña Irina a acertar el nombre del cuadro ayudada por las reproducciones.

Salí del super henchido por una extraña sensación de felicidad que nada tenía que ver con los tomates que portaba.

POST SCRIPTUM: Perdonen la tardanza en escribir. Siento que ese extraño sindicato del crimen (de nombre impronunciable) esté sufriendo tanto mi tardanza. Ya que “horadan” en otros blogs, imagino que no tienen trabajo acumulado. De todas formas, me agrada su presencia.

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Tuesday, November 14, 2006

Olimpia (2 y fin)

Mi gran amigo Marcelo, aficionado al gran arte del amor y no tanto al arte que duerme en las pinacotecas, me pide que culmine la historia del pobre T. con la bella Olimpia. (Léase la entrada Olimpia de este blog el 17/10/2006). El título me lo sugirió el famoso cuadro del impresionista Edouard Manet que pueden ustedes observar bajo estas líneas. Como hoy no estamos para literatura, tan sólo me permito un breve homenaje a Graham Green mostrando el revés de la trama: la solución al enigma está en el gato de la esquina inferior derecha. El pobre T., alérgico al taimado mundo de los felinos, sin saberlo, se introdujo en la alcoba de una amante de éstos, teniendo que sucumbir más tarde a su masculinidad. En la huida en pos de un taxi hecho un monstruo dejó, como más tarde la misma Olimpia le comentaría a una amiga, su virilidad en entredicho.

Y, por cierto, la definición de “ardilleo”, que desconozco si aparecerá en ese Diccionario que han presentado los Príncipes de Asturias, sería la siguiente: “Abrazo cual ardilla con el que  el amante, en una primera fase, evita a su amada la visión de un miembro mustio. La segunda fase supone una recuperación, aunque si ésta no aparece, se procederá a la prolongación de la primera fase”

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Sunday, November 12, 2006

Claqué I

L. se volvió a casar porque así lo quiso el destino. Su segundo marido, J., cuando aún no tenía conciencia de que lo iba a ser, coincidió con ella una noche primaveral a las orillas de una piscina con un penetrante aroma a cloro. Tras derrocar a la noche con el haz de luz de sus faros, J. llegó a un hotel donde insospechadamente le aguardaba el amor. No pudo menos que calcular, al observar los restos de vida que se acumulaban en el parachoques de su coche y en algunos tramos de las ruedas delanteras, que en total había fulminado a un perro sarnoso; una liebre, petrificada en medio de la carretera para recibir dignamente el golpe; un sapo, al que tuvo tiempo de ver dar dos saltos antes de escuchar un gelatinoso crujido; y una culebra (el sonido de un cable destripado se le coló hasta las regiones más inhóspitas del estómago).

Al mismo tiempo que J. intentaba adivinar qué tejido de los adheridos a su coche pertenecían a una u otra especie, L. libraba una descomunal batalla en la habitación del hotel con K., su primer marido. En la noche crucial de las semifinales, había vuelto a ingerir Martinis como para amodorrar a Polifemo y a unos cuantos cíclopes más: K. abre la puerta, adelanta en ridículo equilibrio el pie derecho, escorzo de discóbolo, impulso, media vuelta fallida, encuentro fatal con una mesa estilo remordimiento, devaneos gravitatorios, acompañado con vaivenes atrás y adelante, y, finalmente, beso a la moqueta. L. comienza a llorar desolada y a empalmar cigarros de forma maquinal: la dipsomanía de K. se aviene mal con el baile en pareja en su modalidad de claqué. Desde el suelo el marido le reprocha su incapacidad para abandonar el tabaco de una vez por todas: “En los últimos tres minutos de la coreografía te asfixias como una tísica”. En venganza, ella se da a la tarea de mascar con los ojos inyectados en sangre y lágrimas toda la tableta de chicles de nicotina que ha encontrado en su bolso después de tirar sobre el suelo un spray antihalitosis, un recibo de alquiler de un smoking, un juego de peines y una foto de Gene Kelly. Una masa brillante e informe le llena la boca y hace que por las comisuras de sus labios se vierta una secreción color gris macilento; entre el llanto apenas puede tomar aire. (Continuará)

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Tuesday, November 7, 2006

Seguratas domésticos

Siento que la desgana no me dé para escribir más; me viene por un proceso gripal que me tiene tumbado en la cama desde el viernes. En los escasos momentos del día en los que me encuentro con algo de fuerzas, leo (Pelo de zanahoria de Jules Renard es la novela más cruel que he leído nunca), me siento en el sillón a disfrutar de lo que se cuela del mundo por la televisión y escucho el taconeo, intermitente pero infinito, de la academia flamenca que acaba de abrir debajo de mi cueva. Entre las perlas del mundo, rescato la idea de Bush Jr. de, además de blindar su país por el Sur mediante un muro, instalar cámaras en dicha fortificación para que el que guste pueda conectarse a ellas desde su casa, observar el desierto y avisar a la policía si atisba algún conato de incursión a su bendita nación. Ya ven cómo se consigue blindar un país y que todo buen ciudadano forme parte de su seguridad. Me llama la atención el gran paso que se da, mediante esta estratagema, hacia la democratización de la vigilancia, entendida como una transformación de sujetos pasivos a sujetos activos, y la consiguiente delación.
        Bueno, lo dejo ya, que luego dicen por ahí que me pongo estupendo. De todas formas, calibren ustedes mismos esta nueva ortopedia social y democrática llevada a cabo a partir sus miradas ociosas frente a una pantalla. Esta nueva benignidad del señor Bush, dirán algunos, puede evitar muchos problemas a la larga. Ahora, disparen.

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Sunday, November 5, 2006

Prosistas

Queridos fritangas:

Ando un poco desganado últimamente. Espero que acepten estas disculpas, pero uno tiende a divagar sobre el contenido de estos escritos, y, entre divagación y divagación, se encuentra con relatos como el que sigue. La prosa (ya la quisiera yo para mí) no es mía, sino de un periodista costarricense. Lean hasta el final, sin dejar de poner un acento apropiado, y disfruten. Fritanga volverá pronto con más aventuras.

 

• Detiene a 2 ricachones. Faltan tico y extranjeros.

CAE BANDA NARCO CON 21 FURGONES

En siete operativos simultáneos en Santo Domingo de Heredia, Tres Ríos, Coronado y Guadalupe se desarticuló ayer una banda de ricachones narcos, a quienes no se les conocía oficio ni beneficio. En Coronado fue detenido un hombre de 44 años de edad, de apellidos Sosa Rivera, quien es el líder del grupo y como mampara tenía una importadora de repuestos para furgón.

En el Residencial Lomas del Zurquí cayó un hombre a quien sólo se le identificó como de apellidos Zumbado Guerrero de 43 años. Este decía ser comerciante, solo que se le liga con mercancía blanca y en polvo.

COMO TRABAJABAN

Esta banda sacaba droga de Colombia en furgones y la llevaba a Panamá. De ahí la camuflaba entre frutas y la pasaba a nuestro país. Aquí la montaban en furgones ticos y la mezclaban entre chatarra para que llegara a Guatemala. En ese país se verificaba que todo fuera bien y se pasaba a México, ahí otro de los “supervisores” la hacía llegar hasta los Estados Unidos. De regreso y por tierra se traían gran cantidad de dólares. Los verdes los metían en bolsitas plásticas y los introducían cuidadosamente en un doble piso de madera.

NARCOS MUY FINOS

El caso “Cuarto de Milla”, llamado así porque al líder acostumbraba a correr en piques de cabezales, revela los gustos de los ricachones narcos. Al líder le fascinaba la vida holgada, tenía muchos furgones en su poder, mansión con piscina y cancha de basket. El otro detenido vivía en una casa de más de 300 millones de colones y no contento con eso le compró a su madre una del mismo monto, según revelaron fuentes judiciales allegadas al caso.

FALTAN MÁS CACOS

El trabajo no ha finalizado aún, pues si bien ya desarticularon la banda faltan todavía detener a un mexicano, al menos dos panameños, a un colombiano y a varios guatemaltecos. También anda suelto un tico más, quien vive en Heredia y recién había viajado a Guatemala para supervisar el “negocito”. Uno de los detenidos ya había sido procesado por contrabando de licor y electrodomésticos.

Los carros incautados, las propiedades y el dinero que se les decomisó, casi mil doscientos millones de colones, ya están a las órdenes del Instituto Costarricense Contra las Drogas, para combatir este mal.

 

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Wednesday, November 1, 2006

Nosferatu tomando pintas

Nuestra sociedad se ha convertido en una afanosa máquina contra la vida cotidiana y contra las constataciones más engorrosas que pueden empañar nuestra dulce existencia. Vivimos, ya lo dice Pascal Bruckner en un libro genial, La euforia perpetua (Editorial Tusquets, 17 €), en un mundo en el que se nos condena a desterrar la infelicidad de cualquiera de sus ámbitos; de ahí la desaparición progresiva de la vejez en la televisión y, en contrapartida, la presencia continua del mundo juvenil. La enfermedad, el sufrimiento o la muerte sólo se ofrecen como espectáculo (¡Ah, amigo Debord); a los jóvenes les resulta insoportable ver una película en blanco y negro, sin guapos oficiales, porque les huele a rancio y a muerto. Por esa regla de tres, nuestros adolescentes son incapaces de ver clásicos como Casablanca. El juvenilismo extremo les estraga la vida a los que ya pasan de ciertos años: nos hace vestirnos como adolescentes, estirarnos la piel, reafirmar los pechos, colocar en nuestras vidas una PlayStation2 de Sony y demorar nuestra existencia frente a los espejos del gimnasio. He aquí, a mi pobre entender, la razón fundamental de por qué el mundo contemporáneo y la metrópolis norteamericana han decidido, en esta etapa de neoliberalismo abrasivo, colocarnos el Halloween dentro de una de nuestras más aquilatadas tradiciones: porque a golpe de disfraz se elimina lo luctuoso de una fiesta que consistía, hasta hace unos años, en poblar los cementerios de vivos para recordar a los muertos, y, de paso, convertirlo en puro hedonismo y negocio.

Ayer noche, sin ir más lejos, recalé en un Pub Irlandés de la City (¿Por qué demonios se ven los partidos del Liverpool con devoción infinita en estas tascas prefabricadas?). Pedimos unas pintas y nos agasajaron con unos cuernos de diablo y una capa de Drácula. Comenzaron a desfilar ante nuestros enhalloweenados ojos, entre otros personajes de ultratumba, ahorcados con una maroma al cuello, frailes sangrientos, brujas melladas (¿dónde don Juan Tenorio?), el increíble Hulk colado de rondón (hay que aprovechar los disfraces), etc. Por la tarde ya había observado a padres diligentes portando una tridente de plástico y niños vestidos de Frankenstein de la mano de ufanas madres. En ese mismo pub, tras los partidos de la Champions, las pantallas proyectaban Nosferatu, clásico del expresionismo alemán al que nadie, exceptuando unos cuantos parias, le prestábamos atención.

Mi padre, cual galo irreductible, cuando los tiernos infantes disfrazados llaman a su puerta un “día de Halloween” para pedir alguna golosina, les espeta desde la ventana: “¡Volved en Navidad y cantad villancicos, que ahí si que os ‘jarto’ de polvorones!”. En fin, decidan ustedes mismos con qué se quedan; yo vuelvo al ataúd a echar un sueñecillo hasta que vengan tiempos mejores.

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