25/05/2006

Homogeneización

           

            La dentellada seca que las fauces del neoliberalismo aplica en nuestros pobres corazones está provocando que se llegue a situaciones  de difícil catalogación. Al dictamen de los almuédanos contemporáneos, la clase media (masa democrática, según Azúa) extrae el acibarado jugo a la vigilia y el sueño con el mismo grado de acidez, sin tonalidades, con una planicie poco imaginativa que nos condena a parecernos cada vez más en nuestros ritmos y visiones. Perogrulladas aparte, resulta incontestable la manifiesta homogeneización de nuestros hábitos, ésa que nos lleva por caminos de muy difícil retroceso, donde quizás sería mejor atascarse en una cuneta.

            Toda esta palabrería viene al hilo de lo que escucho en las conversaciones con mis iguales. Atareados en la crianza de los hijos, algunos están contribuyendo a extender la oligofrenia infantil codificada gracias a Baby Einstein, sucesión de imágenes y música capaz de dejar clavada a una criatura ante el televisor durante dos horas. Marina D´Or se extiende como una correosa mancha de aceite por el mundo adelante, proponiendo vacaciones simétricas para toledanos y parisinos. El “We are the champios” de los Queen suena en toda celebración deportiva, sea ésta de fútbol, tenis o salto a la pata coja, en Seattle, Moscú o Belgrado. The Da Vinci Code es la lectura de millones de personas en el mundo (ya hablaremos de esto y de la hoja parroquial <sic> dedicada a esta obra en el pueblo donde “laburo”). Dignos todos de figurar en el elenco de Vidas paralelas, no precisamente de Plutarco, me pregunto quién me contará su vida sin peligro de repetirse.

 

Post Scriptum: Ayer pasé la tarde con Marilia Brull, lectora fiel de estas frituras. No hay nada como navegar con los fugados del Edén.

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24/05/2006

Bárbaros infieles y edificios efímeros

De lunes a viernes mi sombra se arrastra por un edificio efímero. El caprichoso azar y las veleidades políticas dieron al traste con la ilusión de tener una educación cimentada sobre hormigón y ladrillo. Tengo una relación sentimental con este teatro de la educación, unos lazos que me emparientan con él y que me convierten en parte de su piel metálica: al igual que la chapa que da cobijo a nuestros cráneos y palabras, yo también he de remachar los costurones de mi alma para soportar el peso de los días y la gravedad de algunos incidentes dignos de la España profunda.

A partir de Constantino, la romanización de las partes más alejadas del Imperio Romano llevaba aparejada la evangelización. Estos días el párroco del lugar, a la sazón profesor de religión, ha sufrido el ataque de un padre resuelto a demostrarle al sacerdote que los representantes de Cristo en el mundo sublunar sólo han de consagrar el pan, casar y librar del infierno a almas recién llegadas, que para guiarse por la vida ya se bastan ellos mismos. Al parecer, en las homilías de las comuniones este compañero comentó algo sobre las responsabilidades paternas a la hora de educar a sus descendientes. Un progenitor, arropado por otros iguales y calentado por el néctar de las uvas, decidió acotar los poderes terrenales de la Santa Madre Iglesia: se encaminó a casa del clérigo, tiró la puerta y destrozó parte del mobiliario. Luego, imagino que ya con la espuma saliéndole por la boca, buscó entre tanta ruina el cuerpo del servidor de Cristo. La providencia, los hados, o lo que sea, hicieron que el bueno de J.L. estuviera dando la extremaunción a treinta kilómetros de allí.

Nunca sospeché que la romanización de las provincias del Imperio fuera tan ardua, tan ingrata y, al igual que el edificio que recorremos, tan efímera. Los bárbaros son así. Otra cosa es trabajar con infieles.

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23/05/2006

Música negra y canción protesta


He tenido la oportunidad, gracias a esta bendita red, de ver un milagro, una joya que llevaba años buscando y que nunca confié en poder admirar: St. Louis Blues, protagonizado por Bessie Smith en el papel de prostituta del sur (como era normal para muchas mujeres negras de la época; véase el caso de Billie Holiday). Supe de su existencia gracias a la lectura de La Consagración de la Primavera de Alejo Carpentier. Éste asistió a su proyección en el París de comienzos de los años treinta, cuando Lutecia se había convertido en la cuna de lo que luego sería, mal que le pese al señor Trueba, el latin jazz, gracias al encuentro de los músicos negros que se quedaron en Europa después de la 1ª Guerra Mundial y los músicos cubanos que desembarcaron en la ciudad con unos ritmos que terminarían por desbancar al tango, tan exitoso en los años veinte.

Si tienen, justamente, ocho minutos y medio (sólo para amantes de la buena música o las rarezas cinematográficas), el documento les reportara un beneficio inmenso, además de darles la oportunidad de ser testigos de una muestra de lo que la música negra iba a aportar al siglo XX. En una progresión de ritmos y estilos verán a “la reina del blues”, Bessie Smith, arrancarse por el famoso blues de Handy acodada en una barra; luego, dentro de un ambiente de irrealidad teatral, los que asisten al espectáculo (el coro de "Hall Johnson") comienzan a acompañar soberbiamente, en clave de gospel, a la voz ronca de la protagonista; a continuación, una banda de jazz (la orquesta de Fletcher Henderson) se marca un endiablado rag-time al que adereza con su baile un virtuoso del claqué, chulo de Bessie, que le roba el dinero que ésta ha ganado. De manera expresa, mientras que el bailarín sale de escena, la orquesta toca unos compases del Raphsody in blue de Gershwin, músico deudor de la música afroamericana. Para terminar, la cantante cierra la cinta con las últimas estrofas del blues inicial.

En todo ello encuentro un gran poder de concentración, tanto narrativa como musicalmente hablando. Carpentier, después de ver este testimonio único, allá por el año treinta y uno, afirmó que los ritmos africanos coparían la danza y la música del siglo. No se equivocó. Desde la musical factoría negra de los EE.UU., hace ya tiempo que emana una música que, como el blues, sigue siendo instrumento para la expresión de un pueblo negro al que se le llena la boca de sangre cuando canta: el hip-hop. Éste nace como poesía urbana y como tal, alejándose de la ciudad que lo vio nacer, sirve para que los desposeídos del mundo sigan dando salida a sus frustraciones (se puede escuchar en los suburbios parisinos, en Argel, en la República Dominicana, etc). Por favor, no confundan el hip-hop con los productos que se comercializan al calor del mercado, sería como confundir flamenco con flamenquito.

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22/05/2006

Strange fruit


Barney Josephson, ex–fabricante de zapatos, amante del jazz y partidario de la integración racial, fundó en Nueva York, a finales de 1938, un club donde negros y blancos podían compartir mesa y escenario. Ese local se llamó Café Society. Fue un hervidero de luchadores por los derechos civiles, donde los domingos por la tarde, entre otras actividades, se recaudaban fondos para ayudar a los republicanos en la recta final de la Guerra Civil española (Oh, Batallón Lincoln). En este lugar, Abel Meeropol, un profesor blanco y judío, apareció un día con un poema inspirado en los linchamientos a los que eran sometidos los negros por las blancos del sur. El poema dice así:

                                      “Árboles sureños sostienen un extraño fruto

Sangre en las hojas y sangre en la raíz

Negras nalgas que se balancean bajo la brisa sureña

Extraño fruto que cuelga de los álamos.

Escena pastoral del noble Sur

Ojos desorbitados y boca desencajada

Dulce y fresco aroma de magnolia

Y luego el repentino olor de carne abrasándose.

Aquí hay un fruto para que lo arranquen los cuervos.

Para que la lluvia lo empape, para que el viento lo aspire

Para que lo pudra el sol, para que el árbol lo suelte

Aquí hay una extraña y amarga cosecha.”

Cuando Billie Holiday cantaba Strange Fruit se le llenaba la boca de amargura. Nunca sacó esta canción de su repertorio; suponía un grito de denuncia por todo el dolor que habían creado los estados racistas de EE.UU.

Esta pequeña historia y este poema vienen a cuento porque hace semanas que no dejo de pensar en los 48 senegaleses que atravesaron 5000 kilómetros atlánticos para llegar cuatro meses después, momificados y en número de once, a las Islas Barbados. Algunos indicios hacen pensar en que fueron remolcados hacia el Océano por un barco mayor, y luego, cortando la soga que se ha encontrado en el cayuco, abandonados a su suerte. He ahí el detalle: la soga que sirvió para llevar a las diferentes tribus africanas hacia América; la soga que sirvió para ahorcar a los negros en el sur; y la que los deja en alta mar debería apretar cada vez más el inhiesto cuello de Occidente. “Dulce y fresco aroma de magnolia y luego el repentino olor de carne abrasándose”. ¿Dónde estás, Barney?

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20/05/2006

Cultura y armamento

La mujer que amo anda a la titánica tarea de levantar una empresa. A su lado, alejadas de la maldición babélica de no entenderse, están L., genial espécimen humano, y E., una muchacha que habría homogeneizado lenguas y acentos en aquel desbarajuste bíblico por medio de una academia de inglés (“aquí to´cristo hablando lo mismo”). Admiro la tenacidad con la que se mueven en estas oscuras aguas. Objetivo Comunicación deriva su creatividad en gestionar imagen, crear identidad corporativa, organizar eventos cumpliendo con el protocolo, ejercer de relaciones públicas, de gabinete de prensa, etc. Díganme o no si no es meritorio.

Espero que pronto abran sucursal en Londres para organizar honorablemente la feria del libro de la ciudad del Támesis. Por ahora, la concesión de su montaje la tiene Reed Exhibitions. No dudo de que estos muchachos no lo hagan bien, lo que ocurre es que, además de campar por el mundo de la cultura, esta empresilla también se encarga de la logística de las grandes ferias mundiales del armamento. “La poesía es una arma cargada de futuro”, que decía Celaya., queda trocado por un “Las armas son la poesía del futuro”. Pido excusas por esta sesgada relectura; quedo a la espera de un cambio de concesión que será más justo y nos hará más ricos, a todos (no piensen sólo en lo crematístico).

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17/05/2006

Héroes

“Andan días iguales persiguiéndose”, decía Neruda, y esa es la sensación que tengo en esta ciudad que habito donde últimamente sólo se habla del fútbol. En la City un ambiente triunfal y efímero se ha instalado en la última semana debido a las continuas hazañas futbolísticas del City F.C. Hace unos días, TVE y su programa vertebrador y anti-orteguiano España Directo se encargaron de ofrecer al resto del país una sucesión de imágenes en Prime time como monumento-homenaje, falazmente imperecedero, en el que los aficionados recibían a los ganadores de la Copa de la UEFA.

Esta mañana les hablaba a mis pupilos de las Coplas a la muerte de su padre de Jorge Manrique. En ellas el desolado autor defiende la fama, a pesar de ser consciente de que ni siquiera ésta es duradera, como contrapunto al olvido al que nos somete la muerte. Uno de ellos, lleno de entusiasmo y razón dijo que, no sólo dentro de quinientos sino de mil años, la gente seguiría narrando las gestas de Ronaldinho. Cuando le pregunté por el paradero actual de Pelé, contestó con un arrogante “¿y ése quién es?”.

El ambiente del momento, espero que se me perdone el sentimentalismo, me lleva a hablar de la foto que acompaña al texto: el joven que ocupa el centro de la fotografía (del que les hablaré más detenidamente en otras frituras), con gesto serio y tocado con una gorra, se llamó Manuel Conejo Vélez. Como los que le rodean, no figura en ninguna enciclopedia de la historia del fútbol ni ocupó primeras planas en periódicos deportivos del momento. Esa mañana, 10 de febrero de 1928, en la Plaza del Polvorista del Puerto de Santa María, todos esos muchachos del Racing Portuense le ganaban al Xérez por un gol a cero. La memoria de aquel día se ha disuelto en el tiempo, como se van disolviendo los goles de Pelé, como se disolverán todas las victorias futuras. Pero para mí, mi abuelo Manolo, sentado sobre la tierra y con la bola en el corazón, seguirá siendo mi único héroe, por encima de todos los que se han ido y los que vengan. Para quien les cuenta esto, ahí comienza y acaba el fútbol.

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09/05/2006

Viaje por Oriente

“Siempre me esperaba en la habitación. Sabía que a las cuatro entraría por la puerta, recorrería el pasillo, sortearía un coqueto biombo que negaba el panorama de su cama y allí estaría ella, aguardando. Su mesa de noche estaba colapsada por la presencia de botes  de perfumes y cremas faciales. Aliviaba un poco este conglomerado de afeites una pequeña estantería, más indicada para una cocina que para un dormitorio, en la que unos tapones de corcho ponían fin a primorosos botes.

La ceremonia era la siguiente: ella espolvoreaba el contenido de alguno de esos botes en su pubis; a continuación, me guiaba hacia una superficie que combinaba visón con hojitas o partículas de diferentes tamaños, texturas y olores. En aquellos  viajes a la India nunca hubo oportunidad de notar otros azotes contra las rocas (el miedo a la penetración no planteaba dudas). M. siempre me convertía en un accidental Marco Polo. Aún la recuerdo.

Decía Camus que el verdadero amor es excepcional, hay dos o tres por siglo aproximadamente. El resto del tiempo hay vanidad y aburrimiento. Me casé. Mi mujer me acusa de echar demasiado orégano a la ensalada, de esnifar a escondidas en los tarros de especias y de esparcir excesiva canela en el arroz con leche. A veces me he quedado aletargado, bajo el despiadado rumor del recuerdo, en los escalones de una semillería cerrada, cuando la ciudad deja de ser furibunda.”

 

Confesión a 110 kilómetros por hora, atisbando ya los primeros girasoles, de R, profesor de Ciencias Sociales.

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08/05/2006

Realidad contaminada

 

Hoy no estoy para monadas. El mundo y su animalidad podrían dejar en la cuneta a cualquier franciscano bienintencionado que hiciera el amago de tender una mano. La culpa, lo siento amigos, es de los Mass Media. Digo esto porque en cualquier lugar a donde dirijo mi aceitosa mirada me topo con huellas de realidad contaminada. Tomo el concepto del título de una exposición que se me escapó en el Centro Andaluz de Arte Contemporáneo (CAAC; jueguen a romper el palíndromo de estas siglas y tendrán la justa medida de la gestión de la citada institución cultural). En tal muestra se exhibían fotogramas de películas, fotografías e imágenes de anuncios  donde se dejaba constancia del calado en nuestras vidas de las imágenes y sus modelos planteados.

Esta reflexión viene dada por los vestigios de hiperficción que veo a mi alrededor: el tipo que me adelanta; el toque de balón de un niño (nosotros, televidentes del blanco y negro, teníamos que crear el fútbol, ya que para ver un gol en la tele había que esperar semanas); la forma de quitarse las gafas de mi compañera de inglés; el leve contoneo de caderas de una muchacha en el gym; la forma de pisar la colilla que tiene mi jefe… Pura contaminación, casi siempre teñida de cierto desdén por los que habitamos el mundo sublunar.

La naturalidad ha muerto. Fritangas, les propongo un juego: observen y ayúdenme a confeccionar una lista con estas debilidades humanas: Tal vez el esfuerzo nos ayude a soportar la ficción de los días.

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07/05/2006

Chita 1

 


 

La tan aclamada por algunos estética de la recepción podría resultar de gran ayuda para explicarnos cómo, al comienzo de los años treinta, el público que asistía a las salas de cine no pusiera en tela de juicio la improbable conjunción selvática del dominio del inglés por parte de un señor criado por monos, con la depilada hermosura de su señora, con la improbable felicidad de un niño (sin escolarizar) en un territorio repleto de amenazantes sorpresas y, por último, con la interpretación, casi humana (en muchos casos superaba a la de Boy), de un animal incluido en el seno familiar sin vacunas ni atenciones veterinarias.

 

El Star System que propugnaba EE.UU. podía ser llevado, con escasas adaptaciones, al corazón de África. Observen la foto de arriba con detenimiento: la robusta rama (metáfora del hogar) soporta el peso de una familia sana y hermosa. Se podría llegar a afirmar que estamos ante un caso de extrema modernidad para la época: un solo hijo (adoptado tras ser el único superviviente de un accidente aéreo), cuando los rigores de los calores africanos y la ausencia de planificación familiar habría dado para que el joven ya tuviera una plétora de hermanos, aproxima a este agrupamiento humano a las tendencias familiares de la Europa rica del momento actual. El caso de la mascota era normal: todo hogar norteamericano que se preciara tendría que contar con la compañía de un perro. El chimpancé (primero por la izquierda) era un caso esperable de sustitución. Quizás sea éste el único factor que aporte un mínimo de veracidad a las películas.

 

Pero el motivo de esta digresión no era hablar de Johnny Weissmuller, de Maureen O'Sullivan ni de Johnny Sheffield, que así se llamaba Boy, sino de Chita. Pero todo ello lo dejamos para la próxima fritura. Se me ha hecho tarde y he de ir a felicitar a mamá fritanga. Hasta mañana.

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03/05/2006

Baños [sin] árabes.

Al hilo de lo vivido en el día de hoy, e intentando apaciguar el estado del alma de mi amigo J.B. (pueden ver su polémica en la letra e), desgrano aquí dos perlas soltadas por mis camaradas de barco:

“Todo el mundo puede hacerse un regalo de 24 euros”. Este aforismo aludía a que “todo el mundo” se puede permitir una jornada en los apastichados baños árabes que proliferan por nuestra futura nación andaluza.  La que esto decía no vio anoche el estupendo documental del maestro Erquicia sobre la pobreza en el primer mundo y como el personal paga alquileres de 800 euros cuando gana 700.

“Yo sí conozco pobres: gente que gana mil euros al mes”. Diamante labrado por otro humano con el que comparto el aire.

Es evidente que la clase media funcionarial cree que todo el personal es de su condición, y  desconoce el valor de la mano de obra en muchos sótanos oscuros y mal ventilados donde individuos que se llaman García o Navarro trabajan 11 horas al día.

 Nuestras segmentadas ciudades nos dan la oportunidad de observar la pobreza como un espectáculo ajeno y distante. Sigamos adelante, es improbable que compartamos el caldarium  con esos seres de ficción.

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