Homogeneización
La dentellada seca que las fauces del neoliberalismo aplica en nuestros pobres corazones está provocando que se llegue a situaciones de difícil catalogación. Al dictamen de los almuédanos contemporáneos, la clase media (masa democrática, según Azúa) extrae el acibarado jugo a la vigilia y el sueño con el mismo grado de acidez, sin tonalidades, con una planicie poco imaginativa que nos condena a parecernos cada vez más en nuestros ritmos y visiones. Perogrulladas aparte, resulta incontestable la manifiesta homogeneización de nuestros hábitos, ésa que nos lleva por caminos de muy difícil retroceso, donde quizás sería mejor atascarse en una cuneta.
Toda esta palabrería viene al hilo de lo que escucho en las conversaciones con mis iguales. Atareados en la crianza de los hijos, algunos están contribuyendo a extender la oligofrenia infantil codificada gracias a Baby Einstein, sucesión de imágenes y música capaz de dejar clavada a una criatura ante el televisor durante dos horas. Marina D´Or se extiende como una correosa mancha de aceite por el mundo adelante, proponiendo vacaciones simétricas para toledanos y parisinos. El “We are the champios” de los Queen suena en toda celebración deportiva, sea ésta de fútbol, tenis o salto a la pata coja, en Seattle, Moscú o Belgrado. The Da Vinci Code es la lectura de millones de personas en el mundo (ya hablaremos de esto y de la hoja parroquial <sic> dedicada a esta obra en el pueblo donde “laburo”). Dignos todos de figurar en el elenco de Vidas paralelas, no precisamente de Plutarco, me pregunto quién me contará su vida sin peligro de repetirse.
Post Scriptum: Ayer pasé la tarde con Marilia Brull, lectora fiel de estas frituras. No hay nada como navegar con los fugados del Edén.

Sangre en las hojas y sangre en la raíz




