27/08/2006

Lord Boquete

Hoy fui a la aldea a visitar a la parte gallega de la familia. Comida pantagruélica a base de caldo gallego, cordero excelentemente cocinado por el Sr. Juani, empanada de bacalao con pasas y pan confeccionados en el horno de leña de la misma casa. Lujo rural. A mi lado se sentaba “Lord Boquete”, un familiar que emigró a Banstead (England) en los años 60. Este anglo-gallego se jactaba de haberle cocinado en el hotel The Bishop Table a John Glenn, primer astronauta estadounidense en rodear la tierra. También contaba que un hombre negro en Coruña “ofrecía su sexualidad a una muchacha joven dentro de un bus”. Después preguntaba si en España había arresto domiciliario para ver si “conseguía que los obreros terminaran la obra de su casa”.  Todo de esta guisa y sin llegar a nada que tuviera sentido. Yo lo observaba constatando que la tierra donde moramos nos hace unas incisiones invisibles pero profundas que, sin percibirlas apenas, nos modelan el rostro y el cerebro. Lord Boquete tenía dos cejas pobladísimas al estilo Chesterton; una camisa que sólo se puede poner por aquellas latitudes; y una visión del mundo conservadora a lo Margaret Thatcher. Tras los postres, despedida y entrega de tarjeta (Mister B.), volamos hacia casa Nato, pero esto se contará en próximas fechas.
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24/08/2006

El dragón c´est moi

Alguien me preguntaba ayer que cuál era "la dieta del dragón", haciendo alusión a la escasa relación entre el título del anterior "post" y su contenido. Simplemente lo utlicé porque me gustaba, además de ser una imagen válida para la sensación que hemos tenido durante todo el mes en una Galicia en llamas. De todas formas, observando las peligrosas proporciones que ha tomado mi cuerpecillo, el dragón bien podría tratarse de mí. La dieta estival ha sido pantagruélica, quizás debido a la visita a algunos de los territorios gastronómicos por excelencia: País Vasco, La Rioja, Navarra, Asturias y Galicia.
En este último país gastronómico, la compañía de Amparo y Aníbal, junto a la paticipación estelar del señor Juani, nos hizo cruzar el umbral de lo humano y así hacer desaparecer mesas repletas de mariscos y botellas de albariño. Luego, con Lan y Guillermo, seguimos degustando productos de la tierra. Entre estos amistosos encuentros, también hubo grandes celebraciones familiares, reencuentros y alguna que otra escapada. Ahora, que campamos por Asturies, seguimos en un plan que un preparador físico desaprobaría absolutamente: Comida en casa Oliva al lado del Cabo de Peñas (deliciosas llampares -lapas- guisadas con una salsa olímpica, junto un cocido de garbanzos sin adjetivos ni aditivos). Cantábrico, Gijón, Sidra en la plaza Jovellanos (un edificio para la formación de mineros e ingenieros avezados en el arte de la extracción de luz de la tierra, inaugurado a finales del XVIII por él mismo, tenía una placa que rezaba "quid verum, quid utile". ¡Qué gran siglo!) y vuelta a Candás.
Los que tenga la mala suerte de cruzarse conmigo en septiembre observarán los estragos del verano encarnados en mi persona. Incluso esa compañera de matemáticas que todos los años me dice aquello de "¡Uy, cómo te has puesto" no tendrá expresión que pueda abarcar tal visión. Aun siendo así, que venga San Jorge y me quite lo comío.
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23/08/2006

La dieta del dragón

El verano, cobarde y mezquino, se fuga tras la empalizada de momentos gloriosos. Para darle un poco de más paisaje al alma (ésa que en invierno llora por los rincones) escapamos del vientre del dragón hacia Asturias. La mujer que amo me guía por carreteras que ribetean el horizonte; se aprecia el Cantábrico entre los árboles y una inmensa y monstruosa masa gris acompaña el sueño azul de las olas. Nuestro destino es Candás, villa mítica al pie del mar, donde habita la dulce Sara. Mientras la esperamos a que suba de la mina donde trabaja a destajo, L. y yo paseamos por el pueblo hasta llegar a una punta marina en la que se posan un escueto faro y una pequeña iglesia renacentista de la que Antonio de Padua es el  propietario. Luego volamos hacia Avilés. Entristece caminar por ciudades nocturnalmente, teniendo además la certeza de que te pierdes algo grandioso que sólo sucede de día. Para avivar la llama de los caminantes, Sara nos lleva, tras hacer desaparecer de nuestras manos tres donnerkababs (si nuestros abuelos levantaran la cabeza), a ver a Muchachito bombo inferno, cantante ronco aderezado con una banda de metales potentes y con claras reminiscencias de Mano Negra. Se hace muy buena música en las noches estivales. Vuelta y dulces sueños. Entre las sábanas aún huelo la ceniza alojada en el vientre del dragón.
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12/08/2006

Turismo de catástrofes

Compostela, ciudad de mis sueños, en la que he disfrutado de bellas historias y donde he perpetrado algunos asesinatos de lesa humanidad, arde. El fuego acota la ciudad por todos sus flancos y los aviones apagafuegos desparraman agua y ruidos de motor cansado. Me indigna ver a los turistas ilusionados sacando fotos del desastre. La masa democrática atesta la ciudad y campa luciendo el estilo marco-sin- amedio que ya me indicó una vez mi amigo Pardo: pantalones piratitas, chanclas y zurrón colgado en bandolera. Mientras que el fuego devora paisajes, el turismo irreflexivo, mediocre y acomodaticio (como nuestras urbanizaciones) devora ciudades, monumentos, y mariscos de cetáreas engordados con dog-chaw. No vengan, por favor, a no ser que quieran ver como se cierne el desastre allí donde puedan posar su mirada.

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07/08/2006

Gallaecia

Entramos por el sur observando las diferentes columnas de humo que ascienden hasta el cielo entre extasiados e incrédulos. Los paisajes apocalípticos tienen una extraña belleza. Arde Galicia. Teorías acerca del asunto son esgrimidas por unos y otros: que si piromanía, que si la industria maderera, que si el PP, que si el fin de la agricultura, que si el monte sin limpiar, etc. Lo que sí que está claro, como afirma B., que sería una gran idea la de exponer a la vergüenza pública a unos individuos que no tienen rostro nunca y que únicamente conocemos por tres o cuatro iniciales en los periódicos. Corren buenos tiempos para políticas ecologistas trufadas de ajusticiamientos al ecoterrorismo. Bueno sería que estos sujetos se vieran esposados tras el metacrilato; es probable que el viento que ahora nos ciega los ojos se esfumara.
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04/08/2006

Anatomía de la melancolía

Paso la noche con Luis. Me confiesa que van ya para 9 años que nuestras vidas se cruzaron. Al recuento de los días, también me descubre horas antológicas en tabernáculos y calles desiertas a las tantas de la madrugada. Entre todos los que fuimos (Joaquín, Nuria, Guardiola, Alicia, Aníbal, Rosario, Ida, Luis y algún que otro despistado que cayera por allí) logramos desgranar historias de hilaridad rotunda y montar juergas flamencas con un bote de Cola-Cao vacío y una guitarra sin cuerdas, aunque habría que decir que entre estos conspicuos componentes se contaban dos que le dieron algo de dignidad a aquellas veladas musicales. ¿Los años más felices de nuestras vidas? No lo sé. Lo que sí sé es que todos los que participamos de alguna manera aún conservamos la historia del taxista enano; la de Edu-perdonaquetemoleste, experimentado buscador de maduras en la sección de citas de periódicos locales; la del muchacho del esfínter dorado; la de los gitanos voladores a base de alimentarse sólo de alitas de pollo; y mil más. Creación oral en estado puro.

Luis me agasaja con Anatomía de la melancolía de Robert Burton (1577-1640). No es casual que nos dedicáramos a diseccionar los años bárbaros con algo de nostalgia. Copio aquí unas palabras de Burton: “Muchos están melancólicos tras una fiesta, un encuentro feliz o algún entretenimiento agradable, o si están solitarios por casualidad, o si se les deja solos, o sin empleo o entretenimiento, o les falta sus compañeros habituales”. Así quedamos todos. Cuando nos volvemos a encontrar (ya con diferentes tatuajes en el alma), siempre coincidimos en rescatar todo aquello, como si fuéramos, en realidad, disectores de una melancolía compartida.

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01/08/2006

Cinturas

El otro día, mientras celebraba que G y MªA habían dejado su larvaria condición de interinos para pasar a, según mi amigo Lan, chupar de “la teta gorda” del estado, tuve que aguantar que un sujeto me dijera que la señora Condoleezza Rice ostenta actualmente “una gran cintura política”. “Teta gorda” se me antoja un eufemismo demasiado alejado de la realidad, ya que no es tan gorda la ubre de la Administración Pública. En cambio, sí que me parece acertada la expresión “cintura política”. Para hacer fintas (del italiano finta, ficción) hay que tener cintura, por lo que podríamos entender que la Rice es una maestra de la ficción diplomática, una vendedora sagaz del mismo humo que sueltan los edificios sepultados entre sus propias ruinas al sur del Líbano. Fintando, fintando, esta señora lleva un rato desayunando, comiendo y cenando con unos tipos que se pasan por el forro lo que ustedes ya saben. En fin, nada de lo que cuento les suena novedoso, incluso puedo decir que se trata de una gran perogrullada, pero hay diítas que mascas el calor de una Beirut en llamas, llena de polvo y furia.

Me miro al espejo. Observo los estragos del verano en mi propio cuerpo. Ya me gustaría a mí tener cintura, política o no.

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