27/08/2006
24/08/2006
El dragón c´est moi
23/08/2006
La dieta del dragón
12/08/2006
Turismo de catástrofes
Compostela, ciudad de mis sueños, en la que he disfrutado de bellas historias y donde he perpetrado algunos asesinatos de lesa humanidad, arde. El fuego acota la ciudad por todos sus flancos y los aviones apagafuegos desparraman agua y ruidos de motor cansado. Me indigna ver a los turistas ilusionados sacando fotos del desastre. La masa democrática atesta la ciudad y campa luciendo el estilo marco-sin- amedio que ya me indicó una vez mi amigo Pardo: pantalones piratitas, chanclas y zurrón colgado en bandolera. Mientras que el fuego devora paisajes, el turismo irreflexivo, mediocre y acomodaticio (como nuestras urbanizaciones) devora ciudades, monumentos, y mariscos de cetáreas engordados con dog-chaw. No vengan, por favor, a no ser que quieran ver como se cierne el desastre allí donde puedan posar su mirada.
07/08/2006
Gallaecia
04/08/2006
Anatomía de la melancolía
Paso la noche con Luis. Me confiesa que van ya para 9 años que nuestras vidas se cruzaron. Al recuento de los días, también me descubre horas antológicas en tabernáculos y calles desiertas a las tantas de la madrugada. Entre todos los que fuimos (Joaquín, Nuria, Guardiola, Alicia, Aníbal, Rosario, Ida, Luis y algún que otro despistado que cayera por allí) logramos desgranar historias de hilaridad rotunda y montar juergas flamencas con un bote de Cola-Cao vacío y una guitarra sin cuerdas, aunque habría que decir que entre estos conspicuos componentes se contaban dos que le dieron algo de dignidad a aquellas veladas musicales. ¿Los años más felices de nuestras vidas? No lo sé. Lo que sí sé es que todos los que participamos de alguna manera aún conservamos la historia del taxista enano; la de Edu-perdonaquetemoleste, experimentado buscador de maduras en la sección de citas de periódicos locales; la del muchacho del esfínter dorado; la de los gitanos voladores a base de alimentarse sólo de alitas de pollo; y mil más. Creación oral en estado puro.
Luis me agasaja con Anatomía de la melancolía de Robert Burton (1577-1640). No es casual que nos dedicáramos a diseccionar los años bárbaros con algo de nostalgia. Copio aquí unas palabras de Burton: “Muchos están melancólicos tras una fiesta, un encuentro feliz o algún entretenimiento agradable, o si están solitarios por casualidad, o si se les deja solos, o sin empleo o entretenimiento, o les falta sus compañeros habituales”. Así quedamos todos. Cuando nos volvemos a encontrar (ya con diferentes tatuajes en el alma), siempre coincidimos en rescatar todo aquello, como si fuéramos, en realidad, disectores de una melancolía compartida.
01/08/2006
Cinturas
El otro día, mientras celebraba que G y MªA habían dejado su larvaria condición de interinos para pasar a, según mi amigo Lan, chupar de “la teta gorda” del estado, tuve que aguantar que un sujeto me dijera que la señora Condoleezza Rice ostenta actualmente “una gran cintura política”. “Teta gorda” se me antoja un eufemismo demasiado alejado de la realidad, ya que no es tan gorda la ubre de la Administración Pública. En cambio, sí que me parece acertada la expresión “cintura política”. Para hacer fintas (del italiano finta, ficción) hay que tener cintura, por lo que podríamos entender que la Rice es una maestra de la ficción diplomática, una vendedora sagaz del mismo humo que sueltan los edificios sepultados entre sus propias ruinas al sur del Líbano. Fintando, fintando, esta señora lleva un rato desayunando, comiendo y cenando con unos tipos que se pasan por el forro lo que ustedes ya saben. En fin, nada de lo que cuento les suena novedoso, incluso puedo decir que se trata de una gran perogrullada, pero hay diítas que mascas el calor de una Beirut en llamas, llena de polvo y furia.
Me miro al espejo. Observo los estragos del verano en mi propio cuerpo. Ya me gustaría a mí tener cintura, política o no.

