Leñador o princesa
K. es un delicado niño de cinco años. Su rareza infantil consiste en un tumultuoso deseo de convertirse en una niña. Sus papás, modernos jóvenes que comprenden que la Junta de Andalucía, por poner un caso, subvencione el cambio de sexo a personas mayores de edad, comenzaron tomando las inclinaciones de K. como una de las múltiples formas que la niñez adopta para llamar la atención. Viendo que al chiquillo le complacía más vestir de florecilla junto a las demás niñas del colegio que de fornido leñador junto a sus compañeros varones (en el escenario éstos cortejaban a aquéllas blandiendo freudianamente sus hachas de palo y papel de aluminio), sus progenitores decidieron comenzar las consabidas visitas a especialistas. Tras haber dejado el pequeño hueco de su figura en diferentes divanes, la última psicóloga le recomendó a los padres que comenzaran a aceptar que su grácil muchacho era, al menos larvariamente, una dulce ninfa. Por supuesto que añadió que la mejor forma de conducir la situación era dándole ciertas concesiones poco a poco.
Ayer, cuando llegué a la fiesta de cumpleaños del bello K. y llamé al timbre, un niño vestido de princesa de tules rosas se me tiró al cuello, me besó nerviosamente en la mejilla y me dijo, apuntándome con la varita estrellada: “¿te gusta la princesita más guapa de la fiesta?”
“Si no fuera porque estoy casada, te seduciría. Contigo me harto de reír” Cuando le pregunté que cómo lo haría, me contestó: “ya te darás cuenta”. J. no requiere de otra cosa para el amor que un poco de humor (perdonen la pseudo-homofonía facilona): un poco de surrealismo matinal la entona en el coche, va dando tumbos de hilaridad cuando sale de mi vehículo y, luego, se pasa todo el día recordándome por los pasillos del trabajo las últimas palabras de alguna ocurrencia que la ha dejado henchida de felicidad hasta la vuelta a casa. Allí, un marido de semblante adusto le dice que se va a correr, al gimnasio, al frontón, al supermercado o a escalar la fachada oriental de El Corte Inglés. Da igual.
