Tuesday, December 16, 2008

¿Pueden los poetas pelar rábanos?

El afamado cuestista J., habitante de
la City y amigo, ha desgranado durante dos meses sus saberes de cultor de musas narrativas entre un campo apenas arado de escritores en ciernes o a media jornada. Sus alumnos, teniendo en común inquietudes literarias similares,  se diferenciaban en su particular forma de peinarse el cabello. Cabezas que ofrecían una variada muestra de trabajos de peluquería (pelo cardado, mechas caseras, mustios tupés, calvas oceánicas, doble ración de laca sobre permanente nacional católica) se movieron durante semanas al ritmo que marcó la sabia batuta de J.

Ya en las postrimeras sesiones del curso, se pudo observar el afecto que le comenzaban a profesar los discípulos al maestro. Por ello, las despedidas de la jornada se hacían a golpe de cerveza en un bar de copas cercano a la biblioteca donde se impartía el taller. Gracias a la invitación de J., L. y servidor pudimos asistir a su penúltima clase, dándonos la oportunidad de oír a unos alumnos entusiastas opinar sobre el hecho literario.

Lo que más me llamó la atención fue observar a un señor mayor, curtido (como allí mismo se pudo comprobar) en mil batallas líricas, dedicarle un poema panegírico a J. Exactamente se trataba de un soneto pespunteado por el acróstico (nombre y primer apellido) de su admirado instructor. Leído allí en voz alta, ante la sorpresa del público ajeno que ocupaba mesas aledañas, el poema intentaba hacer justicia al trabajo de mi amigo. Para otra ocasión dejo el comentario literario de la pieza, aunque he de reconocer que me hice distraídamente con el papel que la contenía para cerciorarme de que los versos no eran todos endecasílabos. Justo después de la lectura, el poeta sacó de una bolsa unos paquetes de papel de aluminio que contenían diversos productos del cerdo y una fiambrera que daba cobijo a unos rábanos que él mismo había pelado. Previamente se había acercado a la barra para apuntarle al joven que la atendía el hecho de que no hubiera tapas en el local y así justificar tal despliegue de medios.

Todo ello me llevó a reflexionar acerca de lo doméstico de la literatura, de cómo seguramente en la Arcadia clásica las Galateas se hartaron de comer los rábanos que bellos pífanos pelaban como muestra de amor. ¿Existe acaso algo más sincero?

Posted by at 20:47:43
Comments

3 Responses to “¿Pueden los poetas pelar rábanos?”

  1. Anonymous says:

    Ciertamente, todo lo que ocurrió aquella noche, incluido algún otro accidente que usted prudentemente omite, y que tanto hubiera complacido al maestro Monterroso, parecía preparado para retomara usted su blog con el afán de glosarlo. Si yo fuera Paul Auster, si ahora, supongamos, fuera Navidad, yo le diría que así fue: que todo aquello fue una ficción preparada para que usted retomara estas páginas. Me alegra, nos alegra, que lo haya hecho, tanto como nos congratuló verlo a usted en plena forma aquella noche. Gracias por prestar atención a mi humilde taller, gracias a Luis, nunca suficientemente ponderado en su generosidad, por contribuir a él.

  2. tag drivers says:

    great capture,beautiful composition with rich colours.

  3. notebooks says:

    You still write on here! Thanks :)

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