Sunday, December 21, 2008

El mundo

Cuando era pequeño, viví con mis padres en un piso a las afueras de la ciudad, una barriada de bloques con vistas a campos de jaramagos a los que habían ido a parar jóvenes parejas. Los maridos eran esforzados obreros que una noche sorprendieron a sus mujeres balanceando el llavero del  que colgaba el sueño del hogar propio. Poco a poco, fueron llegando los modestos vehículos a unas calles sin asfaltar, y el silencio polvoriento de las escaleras, aún con las huellas de los últimos albañiles que anduvieron por allí, se fue difuminando a golpe de gritos infantiles y de besos emocionados bajo los dinteles de las puertas recién abiertas.

Mi primera visión del mundo fue ésta. Como por ensalmo, la vida se fue conformando con pequeños hitos que, vistos desde esta atalaya que ahora me acoge, vaticinaban de forma miniaturizada los claroscuros del orbe de los adultos. La intimidad, el miedo, la felicidad, la violencia, la ilusión, el amor, la envidia, la maldad, la avaricia, etc., todo, en diversas manifestaciones, estaba ya sobre las aceras, en las ventanas, en los huecos de las escaleras y bajo el cielo que yo oteaba desde la azotea.

Sobre esto va El mundo  de Juan José Millás, autor que si bien siempre he admirado como articulista, nunca ha estado entre mis novelistas preferidos. Su novela ofrece una reflexión sobre la identidad, sobre los aspectos determinantes de nuestra primera educación sentimental y sobre el momento en el que dejamos de ser nosotros para convertirnos en algo que ya no controlamos, tal vez expuestos al arbitrio del destino y a la pintura que nos aplican los otros para esconder el verdadero color plomo que hay debajo de nuestras brillantes galas de soldadito.

¿Existe algún tipo de épica en la infancia? ¿Se puede hacer algo con unos recuerdos que tienen más que ver con un patchwork trabajado con un hilo muy fino que con un trozo de mármol en bruto del que extraeremos el busto del emperador? Todo depende, ya no sólo de lo vivido, sino del talento del storyteller. Sin ir más lejos, el otro día le pregunté a una adolescente que cuál era su primer recuerdo. La joven entornó los ojos mientras miraba hacia el suelo: “En mi casa, cuando yo era muy pequeña, había un dálmata de porcelana que me sacaba una cabeza. Me llevé dos años sentada junto a él a la espera de que me hablara”. Creo que ahí hay una metáfora de la memoria de la infancia, una memoria que está relacionada con lo fabuloso, la magia, la habilidad de nuestra búsqueda entre los cajones y del dálmata que cada uno recuerda.

Posted by at 09:11:50
Comments

3 Responses to “El mundo”

  1. I think you have done an excellent job with your site. I will return in the near future.

  2. Keep going.Do not entertain fear.

  3. Know that feeling all too well!

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