Gente de pro
C. tiene miedo al vacío. Lo noto porque mientras conversa arrastra en tono do menor un lamento contrapuntístico que no permite el silencio entre palabra y palabra. El bajo continuo que escolta su prosodia es, por llamarlo de alguna forma, un cordel en el que se agarra lo que dice para que no se precipite contra el suelo. Pero K es, ineludiblemente, una pija insoportable. Apoyando este efecto lumínico, se acompaña de unas eses implosivas de matices insoportablemente metálicos. Sólo ve películas subtituladas.

