Héroes

“Andan días iguales persiguiéndose”, decía Neruda, y esa es la sensación que tengo en esta ciudad que habito donde últimamente sólo se habla del fútbol. En la City un ambiente triunfal y efímero se ha instalado en la última semana debido a las continuas hazañas futbolísticas del City F.C. Hace unos días, TVE y su programa vertebrador y anti-orteguiano España Directo se encargaron de ofrecer al resto del país una sucesión de imágenes en Prime time como monumento-homenaje, falazmente imperecedero, en el que los aficionados recibían a los ganadores de la Copa de la UEFA.
Esta mañana les hablaba a mis pupilos de las Coplas a la muerte de su padre de Jorge Manrique. En ellas el desolado autor defiende la fama, a pesar de ser consciente de que ni siquiera ésta es duradera, como contrapunto al olvido al que nos somete la muerte. Uno de ellos, lleno de entusiasmo y razón dijo que, no sólo dentro de quinientos sino de mil años, la gente seguiría narrando las gestas de Ronaldinho. Cuando le pregunté por el paradero actual de Pelé, contestó con un arrogante “¿y ése quién es?”.
El ambiente del momento, espero que se me perdone el sentimentalismo, me lleva a hablar de la foto que acompaña al texto: el joven que ocupa el centro de la fotografía (del que les hablaré más detenidamente en otras frituras), con gesto serio y tocado con una gorra, se llamó Manuel Conejo Vélez. Como los que le rodean, no figura en ninguna enciclopedia de la historia del fútbol ni ocupó primeras planas en periódicos deportivos del momento. Esa mañana, 10 de febrero de 1928, en la Plaza del Polvorista del Puerto de Santa María, todos esos muchachos del Racing Portuense le ganaban al Xérez por un gol a cero. La memoria de aquel día se ha disuelto en el tiempo, como se van disolviendo los goles de Pelé, como se disolverán todas las victorias futuras. Pero para mí, mi abuelo Manolo, sentado sobre la tierra y con la bola en el corazón, seguirá siendo mi único héroe, por encima de todos los que se han ido y los que vengan. Para quien les cuenta esto, ahí comienza y acaba el fútbol.

