22/05/2006

Strange fruit


Barney Josephson, ex–fabricante de zapatos, amante del jazz y partidario de la integración racial, fundó en Nueva York, a finales de 1938, un club donde negros y blancos podían compartir mesa y escenario. Ese local se llamó Café Society. Fue un hervidero de luchadores por los derechos civiles, donde los domingos por la tarde, entre otras actividades, se recaudaban fondos para ayudar a los republicanos en la recta final de la Guerra Civil española (Oh, Batallón Lincoln). En este lugar, Abel Meeropol, un profesor blanco y judío, apareció un día con un poema inspirado en los linchamientos a los que eran sometidos los negros por las blancos del sur. El poema dice así:

                                      “Árboles sureños sostienen un extraño fruto

Sangre en las hojas y sangre en la raíz

Negras nalgas que se balancean bajo la brisa sureña

Extraño fruto que cuelga de los álamos.

Escena pastoral del noble Sur

Ojos desorbitados y boca desencajada

Dulce y fresco aroma de magnolia

Y luego el repentino olor de carne abrasándose.

Aquí hay un fruto para que lo arranquen los cuervos.

Para que la lluvia lo empape, para que el viento lo aspire

Para que lo pudra el sol, para que el árbol lo suelte

Aquí hay una extraña y amarga cosecha.”

Cuando Billie Holiday cantaba Strange Fruit se le llenaba la boca de amargura. Nunca sacó esta canción de su repertorio; suponía un grito de denuncia por todo el dolor que habían creado los estados racistas de EE.UU.

Esta pequeña historia y este poema vienen a cuento porque hace semanas que no dejo de pensar en los 48 senegaleses que atravesaron 5000 kilómetros atlánticos para llegar cuatro meses después, momificados y en número de once, a las Islas Barbados. Algunos indicios hacen pensar en que fueron remolcados hacia el Océano por un barco mayor, y luego, cortando la soga que se ha encontrado en el cayuco, abandonados a su suerte. He ahí el detalle: la soga que sirvió para llevar a las diferentes tribus africanas hacia América; la soga que sirvió para ahorcar a los negros en el sur; y la que los deja en alta mar debería apretar cada vez más el inhiesto cuello de Occidente. “Dulce y fresco aroma de magnolia y luego el repentino olor de carne abrasándose”. ¿Dónde estás, Barney?

Posted by at 20:06:24 | Permanent Link | Comments (1) |
Comentarios
1 - Querido Fritanga:
Conmovido por el hecho que tú has relatado no paro de preguntarme por qué nadie quiere resolver este problema. Los inmigrantes africanos son denostados por la mayoría de este país, que escupe a los trabajos con los que ellos, de obtenerlos, miran al cielo agradecidos. Tiene que haber una forma de conciliar inmigración y dignidad. Qué hacen las autoridades de este país, gobernantes y oposición, aparte de bufonear en el Congreso, para dar una solución a este verdadero conflicto? Europa también llegará a desangrarse, será en un futuro un continente seco y moribundo y aquellos que para entonces lo habiten, beberán sedientos el Mediterráneo y parte del Atlántico para llegar a la falsa tierra prometida y allí serán repudiados, injuriados, maldecidos y marcharán momificados a la deriva en los restos de un viejo yate, otrora amarrado en el puerto marbellí.
Quo vadis, primer mundo, quo vadis? (Comment this)

Escrito por: Anónimo at 2006/05/23 - 10:10:18
Escribir comentario