La voz que me amó
El colchón Lomonaco que mis padres enviaron a mi apartamento me ha alejado del ritmo; el látex sobre el que sudo y maniobro ahoga el chirriar del somier. Una lástima: con el antiguo llegué a determinar cuándo llegaría al coito por el mero quejido de los muelles. A veces ni llegaba. Me gustaría acostarme con Constantino Romero, escuchar la voz de Clint Eastwood mientras una masa informe me empotra en la muda extensión de ese látex que él mismo vende. […]
Lo conseguí. Un viaje a Barcelona, una llamada a un número telefónico de la marca y el encuentro con Constan. La compañía te facilita una habitación para probar durante una noche las ventajas del producto. Él mismo me confesó que no era la primera vez que lo hacía: al menos cuarenta señoras de edades comprendidas entre los 30 y los 60 habían hecho suya la voz de Eastwood. Romero, en el momento de quedar desnudo sobre el cuadrilátero, también me aclaró que muchas de ellas pedían que pronunciara “¿No crees que deberías sentirte afortunada?”, adaptación para el caso de una sus memorables frases como Harry. No sé a quién amé, si a Constan, a Clint o otros muchos. Era un orgasmo poliédrico, un homenaje al cine y al televisión en cada movimiento pélvico A veces cerraba los ojos y sentía a Harry “el sucio” echándome el aliento sobre el rostro; otras, sin yo pedirlo, me susurraba al oído “Luke, soy tu padre”, entonces un escalofrío galáctico me llevaba a abrazar a Darth Vader. Fui azafata de “La Parodia Nacional”, concursante de “El tiempo es oro”.
En el flanco derecho de la cama un cartel describía las ventajas del colchón Natura: bloque 100% látex, firmeza media, elasticidad natural, Anatomic System, suaves tejidos exclusivos, microclima saludable, distribución de la presión uniforme, propiedades antibacterianas y antihongos. Todo ello quedaba cifrado en la voz tonante de mi amor. Lo peor fue la despedida.

