06/07/2006

Ciudades y jazz

Me permito hoy, visto lo visto, dejar en el viento una reflexión acerca de las ciudades postmodernas, clonadas nerviosamente a lo largo del primer y segundo mundo. Cuando venía hacia Vitoria en el coche, una cuña publicitaria en la radio exculpaba a Gallardón de los juegos malabares de paciencia que se ven obligados a realizar los madrileños para aguantar máquinas de ruido ensordecedor y prolongadas visiones bélicas. La peatonalización de cascos antiguos es una bondad, sobre todo, de interés político y turístico. ¿O es que ahora el espíritu de Pericles se ha cruzado en el camino de las corporaciones municipales? Gazteiz no iba a ser menos: el ayuntamiento instala estos días rampas mecánicas en las cuestas de la zona vieja para que el personal se deslice por ellas sin esfuerzo alguno. El vecindario está en plena campaña contra ellas. No hay nadie que las haya aplaudido, sólo un turismo que potencialmente acudirá a ver esta zona de la ciudad, algo demacrada, a buscar las murallas que el gobierno vasco está rescatando artificialmente. Nada diré de cómo funciona el aparato ideológico nacionalista para la creación de pasados míticos al calor de nuevos hallazgos arquelógicos. Adolfo Domínguez, a pesar de la baja renta per capita que está presente en esta zona, está instalando una de sus tiendas, posiblemente, guiado por un plan de reactivación del barrio que sólo se basa en la llegada de estos monstruos multinacionales.
Las urbes postmodernas, sin apenas excepción, podrían caracterizarse por un casco histórico aséptico convertido en una naturaleza muerta expuesta a los ojos de los turistas; por el mantenimiento de edificios del XIX y el XX para los fines crematísticos de Zara, Mango, etc. (de lo contrario serían convertidos en nuevos y caros bloques de pisos); y por un cinturón metropolitano, nerviosamente expansivo, conectado por arterias rápidas a centros comerciales que aglutinan hipermercados, cines y otras variedades de ocio compulsivo. Este cinturón corta toda relación con el centro histórico, que queda como un parque temático diurno (y nocturno con iluminación de parque de atracciones) en el que se superponen estilos y siglos homogeneizados por restauraciones continuas. Todo ello ofrece un pastiche equívoco donde una torre almohade tiene el mismo lustre que un palacio del XVIII.
Para huir de estas reflexiones y meterme de lleno en el ambiente jazzero de Vitoria, N. me lleva a comer al restaurante Gora, lugar que por la noche me regala la audición y el humo de "Zafari project", un cuarteto joven que recoge lo mejor de Monk, Parker y Sonny Rollins. Esto comienza: el jazz ha llegado a la ciudad, postmoderna o no.
Posted by at 16:27:40 | Permanent Link | Comments (2) |
Comentarios
1 - En vez de fritanga, "papafrita", atiende al jazz y a la alavesa...............rioja claro. (Comment this)

Escrito por: Ayy¡¡ at 2006/07/08 - 17:11:06
2 - ...y ve a los sanfermines...
 (Comment this)

Escrito por: Ayy¡¡ at 2006/07/08 - 17:13:40
Escribir comentario