04/08/2006

Anatomía de la melancolía

Paso la noche con Luis. Me confiesa que van ya para 9 años que nuestras vidas se cruzaron. Al recuento de los días, también me descubre horas antológicas en tabernáculos y calles desiertas a las tantas de la madrugada. Entre todos los que fuimos (Joaquín, Nuria, Guardiola, Alicia, Aníbal, Rosario, Ida, Luis y algún que otro despistado que cayera por allí) logramos desgranar historias de hilaridad rotunda y montar juergas flamencas con un bote de Cola-Cao vacío y una guitarra sin cuerdas, aunque habría que decir que entre estos conspicuos componentes se contaban dos que le dieron algo de dignidad a aquellas veladas musicales. ¿Los años más felices de nuestras vidas? No lo sé. Lo que sí sé es que todos los que participamos de alguna manera aún conservamos la historia del taxista enano; la de Edu-perdonaquetemoleste, experimentado buscador de maduras en la sección de citas de periódicos locales; la del muchacho del esfínter dorado; la de los gitanos voladores a base de alimentarse sólo de alitas de pollo; y mil más. Creación oral en estado puro.

Luis me agasaja con Anatomía de la melancolía de Robert Burton (1577-1640). No es casual que nos dedicáramos a diseccionar los años bárbaros con algo de nostalgia. Copio aquí unas palabras de Burton: “Muchos están melancólicos tras una fiesta, un encuentro feliz o algún entretenimiento agradable, o si están solitarios por casualidad, o si se les deja solos, o sin empleo o entretenimiento, o les falta sus compañeros habituales”. Así quedamos todos. Cuando nos volvemos a encontrar (ya con diferentes tatuajes en el alma), siempre coincidimos en rescatar todo aquello, como si fuéramos, en realidad, disectores de una melancolía compartida.

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Comentarios
1 - Querido Fritanga:

Ya ves, tan lejos, tan cerca, me sigo asomando cada día a tus páginas, aunque no como una liturgia de la melancolía, te advierto, sino muy contrariamente como un triunfo diario del presente. No te digo nueve, sino que ya son casi trece años -no temas, no soy ni fui nunca supersticioso- que nos conocimos en aquella aula, gigante como un anfiteatro, ¿te acuerdas?, hoy medio derruida la madera. Nada me hace pensar en el pasado, todo está aquí y ahora, en este momento detenido en mitad de este cenáculo renacentista convertido en Biblioteca.
Ya ves, mi único tatuaje del alma es pensar cada día en cosas vivas, entre ellas tú, enorme como un Olimpo, laureado por el mayor de los triunfos: el de amar y ser amado. Por cierto, amigo, Santiago nos espera cuajado de "estelas"..... y cierra España!!! (Comment this)

Escrito por: papageno at 2006/08/04 - 14:49:00
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