23/08/2006

La dieta del dragón

El verano, cobarde y mezquino, se fuga tras la empalizada de momentos gloriosos. Para darle un poco de más paisaje al alma (ésa que en invierno llora por los rincones) escapamos del vientre del dragón hacia Asturias. La mujer que amo me guía por carreteras que ribetean el horizonte; se aprecia el Cantábrico entre los árboles y una inmensa y monstruosa masa gris acompaña el sueño azul de las olas. Nuestro destino es Candás, villa mítica al pie del mar, donde habita la dulce Sara. Mientras la esperamos a que suba de la mina donde trabaja a destajo, L. y yo paseamos por el pueblo hasta llegar a una punta marina en la que se posan un escueto faro y una pequeña iglesia renacentista de la que Antonio de Padua es el  propietario. Luego volamos hacia Avilés. Entristece caminar por ciudades nocturnalmente, teniendo además la certeza de que te pierdes algo grandioso que sólo sucede de día. Para avivar la llama de los caminantes, Sara nos lleva, tras hacer desaparecer de nuestras manos tres donnerkababs (si nuestros abuelos levantaran la cabeza), a ver a Muchachito bombo inferno, cantante ronco aderezado con una banda de metales potentes y con claras reminiscencias de Mano Negra. Se hace muy buena música en las noches estivales. Vuelta y dulces sueños. Entre las sábanas aún huelo la ceniza alojada en el vientre del dragón.
Posted by at 11:04:54 | Permanent Link | Comments (0) |
Comentarios
Escribir comentario