El dragón c´est moi
Alguien me preguntaba ayer que cuál era "la dieta del dragón", haciendo alusión a la escasa relación entre el título del anterior "post" y su contenido. Simplemente lo utlicé porque me gustaba, además de ser una imagen válida para la sensación que hemos tenido durante todo el mes en una Galicia en llamas. De todas formas, observando las peligrosas proporciones que ha tomado mi cuerpecillo, el dragón bien podría tratarse de mí. La dieta estival ha sido pantagruélica, quizás debido a la visita a algunos de los territorios gastronómicos por excelencia: País Vasco, La Rioja, Navarra, Asturias y Galicia.
En este último país gastronómico, la compañía de Amparo y Aníbal, junto a la paticipación estelar del señor Juani, nos hizo cruzar el umbral de lo humano y así hacer desaparecer mesas repletas de mariscos y botellas de albariño. Luego, con Lan y Guillermo, seguimos degustando productos de la tierra. Entre estos amistosos encuentros, también hubo grandes celebraciones familiares, reencuentros y alguna que otra escapada. Ahora, que campamos por Asturies, seguimos en un plan que un preparador físico desaprobaría absolutamente: Comida en casa Oliva al lado del Cabo de Peñas (deliciosas llampares -lapas- guisadas con una salsa olímpica, junto un cocido de garbanzos sin adjetivos ni aditivos). Cantábrico, Gijón, Sidra en la plaza Jovellanos (un edificio para la formación de mineros e ingenieros avezados en el arte de la extracción de luz de la tierra, inaugurado a finales del XVIII por él mismo, tenía una placa que rezaba "quid verum, quid utile". ¡Qué gran siglo!) y vuelta a Candás.
Los que tenga la mala suerte de cruzarse conmigo en septiembre observarán los estragos del verano encarnados en mi persona. Incluso esa compañera de matemáticas que todos los años me dice aquello de "¡Uy, cómo te has puesto" no tendrá expresión que pueda abarcar tal visión. Aun siendo así, que venga San Jorge y me quite lo comío.

