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	<pubDate>Thu, 05 Feb 2009 20:02:51 +0000</pubDate>
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		<title>Esgrima para parados</title>
		<link>http://fritanga.blog.com/2009/02/05/esgrima-para-parados/</link>
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		<pubDate>Thu, 05 Feb 2009 20:02:51 +0000</pubDate>
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		<description><![CDATA[<p class="MsoNormal" style="MARGIN: 0cm 0cm 0pt; TEXT-ALIGN: justify"><span style="mso-tab-count: 1">&#160;&#160;&#160;&#160;&#160;&#160;&#160;&#160;&#160;&#160;&#160;</span> Cansinos Assens contaba en el primer tomo de sus memorias (<em style="mso-bidi-font-style: normal">La novela de un literato)<span style="mso-spacerun: yes">&#160;</span></em> los iniciales lances con los que se topó como plumilla en una redacción madrileña. En esos tiempos aún no se habían inventado los <em style="mso-bidi-font-style: normal">masters</em> de <em style="mso-bidi-font-style: normal">El</em> país ni <em style="mso-bidi-font-style: normal">El mundo</em>; el personal, como se suele decir, o era periodista de raza o se convertía en tal cosa con muchos desvelos y más café. Todo ello desde abajo, nada de pagar una billetada para, más tarde, comenzar de becario. <span style="mso-spacerun: yes">&#160;</span></p>
<p class="MsoNormal" style="MARGIN: 0cm 0cm 0pt; TEXT-INDENT: 35.4pt; TEXT-ALIGN: justify">El fresco que regala Cansinos muestra mucho de la vida de esos periódicos, en la que convivían la tuberculosis, el frío de los amaneceres en la prensa, los carajillos dejados de deber, el humo que conservan los espejos de las tertulias y los puños de camisa raídos y mustios. Tal vez lo que más me llamó la atención de estos recuerdos fuera un detalle que se daba la mano con un mundo que estaba a piques de desaparecer, una forma de entender la vida más próxima a épocas remotísimas que al siglo que despuntaba: en la planta del edificio donde estaba la redacción, había una pequeña sala en la que se custodiaban unos cuantos floretes con los que practicar la esgrima&#160;en el hipotético caso de tener que batirse en duelo con algún lector desairado. Qué tiempos aquellos.</p>
<p class="MsoNormal" style="MARGIN: 0cm 0cm 0pt; TEXT-INDENT: 35.4pt; TEXT-ALIGN: justify">Ahora que el honor es una mera palabra extraída de los dramas de los Siglos de Oro, cuesta imaginar una ecuación que la emparente con la <em style="mso-bidi-font-style: normal">espada negra</em>, que es la que se usa en este arte. Curiosamente, la esgrima vuelve a aparecer; tal vez sea achacable a la <span style="mso-spacerun: yes">&#160;</span>creencia postmoderna de que cualquier tiempo pasado fue mejor. Sin ir más lejos, en una calle próxima a mi casa, todas las tardes se baten unos tipos enmascarados y vestidos de blanco bajo el auspicio de una academia que ofrece clases a aprendices de mosquetero. Me gusta pararme un rato a verlos a través del cristal mientras pienso en que su porte señorial y sus movimientos rápidos hacia delante y hacia detrás son la prueba irrefutable de que nuestro tiempo despoja de significado las cosas y las convierte en espectáculo. Alguno me dirá que es un simple deporte.<span style="mso-spacerun: yes">&#160;</span> Sí, ya sé, aunque esta misma mañana me he percatado de que es algo más: una manera de bajar la tasa del paro. <?xml:namespace prefix = st1 ns = "urn:schemas-microsoft-com:office:smarttags" /?>
La Delegación de empleo de Almería ofrece un curso de formación como monitores de esgrima a parados de la provincia. “Los cursos se desarrollarán durante 384 horas a módulos de formación técnica-táctica y reglamentos de la esgrima, esgrima en la sala, comportamiento y aprendizaje, didáctica de la esgrima, entrenamiento deportivo, fundamentos biológicos, organización y legislación del deporte, seguridad e higiene en la esgrima, desarrollo profesional de la esgrima”.</p>
<p class="MsoNormal" style="MARGIN: 0cm 0cm 0pt; TEXT-INDENT: 35.4pt; TEXT-ALIGN: justify">Ya ven, en estos tiempos deshonrosos parece que en tres meses, con la ayuda inestimable del estado, se puede volver a tener la honra salvada o, al menos, la forma de recuperarla a la antigua usanza. Prevénganse los directores de sucursales bancarias y vayan empuñando la charrasca. Besos a las diosas que habitan Candás y a las otras también.</p>

]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<div>
<p class="MsoNormal" style="MARGIN: 0cm 0cm 0pt; TEXT-ALIGN: justify"><span style="mso-tab-count: 1">&#160;&#160;&#160;&#160;&#160;&#160;&#160;&#160;&#160;&#160;&#160;</span> Cansinos Assens contaba en el primer tomo de sus memorias (<em style="mso-bidi-font-style: normal">La novela de un literato)<span style="mso-spacerun: yes">&#160;</span></em> los iniciales lances con los que se topó como plumilla en una redacción madrileña. En esos tiempos aún no se habían inventado los <em style="mso-bidi-font-style: normal">masters</em> de <em style="mso-bidi-font-style: normal">El</em> país ni <em style="mso-bidi-font-style: normal">El mundo</em>; el personal, como se suele decir, o era periodista de raza o se convertía en tal cosa con muchos desvelos y más café. Todo ello desde abajo, nada de pagar una billetada para, más tarde, comenzar de becario. <span style="mso-spacerun: yes">&#160;</span></p>
<p class="MsoNormal" style="MARGIN: 0cm 0cm 0pt; TEXT-INDENT: 35.4pt; TEXT-ALIGN: justify">El fresco que regala Cansinos muestra mucho de la vida de esos periódicos, en la que convivían la tuberculosis, el frío de los amaneceres en la prensa, los carajillos dejados de deber, el humo que conservan los espejos de las tertulias y los puños de camisa raídos y mustios. Tal vez lo que más me llamó la atención de estos recuerdos fuera un detalle que se daba la mano con un mundo que estaba a piques de desaparecer, una forma de entender la vida más próxima a épocas remotísimas que al siglo que despuntaba: en la planta del edificio donde estaba la redacción, había una pequeña sala en la que se custodiaban unos cuantos floretes con los que practicar la esgrima&#160;en el hipotético caso de tener que batirse en duelo con algún lector desairado. Qué tiempos aquellos.</p>
<p class="MsoNormal" style="MARGIN: 0cm 0cm 0pt; TEXT-INDENT: 35.4pt; TEXT-ALIGN: justify">Ahora que el honor es una mera palabra extraída de los dramas de los Siglos de Oro, cuesta imaginar una ecuación que la emparente con la <em style="mso-bidi-font-style: normal">espada negra</em>, que es la que se usa en este arte. Curiosamente, la esgrima vuelve a aparecer; tal vez sea achacable a la <span style="mso-spacerun: yes">&#160;</span>creencia postmoderna de que cualquier tiempo pasado fue mejor. Sin ir más lejos, en una calle próxima a mi casa, todas las tardes se baten unos tipos enmascarados y vestidos de blanco bajo el auspicio de una academia que ofrece clases a aprendices de mosquetero. Me gusta pararme un rato a verlos a través del cristal mientras pienso en que su porte señorial y sus movimientos rápidos hacia delante y hacia detrás son la prueba irrefutable de que nuestro tiempo despoja de significado las cosas y las convierte en espectáculo. Alguno me dirá que es un simple deporte.<span style="mso-spacerun: yes">&#160;</span> Sí, ya sé, aunque esta misma mañana me he percatado de que es algo más: una manera de bajar la tasa del paro. <?xml:namespace prefix = st1 ns = "urn:schemas-microsoft-com:office:smarttags" /?><br />
La Delegación de empleo de Almería ofrece un curso de formación como monitores de esgrima a parados de la provincia. “Los cursos se desarrollarán durante 384 horas a módulos de formación técnica-táctica y reglamentos de la esgrima, esgrima en la sala, comportamiento y aprendizaje, didáctica de la esgrima, entrenamiento deportivo, fundamentos biológicos, organización y legislación del deporte, seguridad e higiene en la esgrima, desarrollo profesional de la esgrima”.</p>
<p class="MsoNormal" style="MARGIN: 0cm 0cm 0pt; TEXT-INDENT: 35.4pt; TEXT-ALIGN: justify">Ya ven, en estos tiempos deshonrosos parece que en tres meses, con la ayuda inestimable del estado, se puede volver a tener la honra salvada o, al menos, la forma de recuperarla a la antigua usanza. Prevénganse los directores de sucursales bancarias y vayan empuñando la charrasca. Besos a las diosas que habitan Candás y a las otras también.</p>
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		<title>Kiko y Benito, estadistas de almas</title>
		<link>http://fritanga.blog.com/2009/01/28/kiko-y-benito-estadistas-de-almas/</link>
		<comments>http://fritanga.blog.com/2009/01/28/kiko-y-benito-estadistas-de-almas/#comments</comments>
		<pubDate>Wed, 28 Jan 2009 20:35:50 +0000</pubDate>
		<dc:creator></dc:creator>
		
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		<description><![CDATA[<p class="MsoNormal" style="MARGIN: 0cm 0cm 0pt; TEXT-INDENT: 35.4pt; TEXT-ALIGN: justify">Hace unas semanas, el Miquel Barceló de <?xml:namespace prefix = st1 ns = "urn:schemas-microsoft-com:office:smarttags" /?>
La Almudena, el neocatecumenal Kiko Argüeyo, se entrevistó con Benedicto XVI. El hombre andaba algo acongojado por cuestiones meramente porcentuales: le comentó a Su Santidad su preocupación por el hecho de que el 70 % de los suecos vivieran solos. La alarma, según él, viene al caso porque se trata de la prueba irrefutable de que “la familia se está destruyendo en toda Europa”.</p>
<p class="MsoNormal" style="MARGIN: 0cm 0cm 0pt; TEXT-ALIGN: justify"><span style="mso-tab-count: 1">&#160;&#160;&#160;&#160;&#160;&#160;&#160;&#160;&#160;&#160;&#160;</span> Me gusta imaginar el gesto desaprobatorio de Benedicto, retorciéndose en su trono ante estas oleadas de individualismo feroz que están replanteando el concepto de familia fuera del ámbito católico. “Estos <em style="mso-bidi-font-style: normal">singles</em> son unos pecadores anacreónticos”. Manda truco que sean estos señores, que segaron verdes a las divinidades<span style="mso-spacerun: yes">&#160;</span> hacinadas en<span style="mso-spacerun: yes">&#160;&#160;</span> el panteón superpoblado de la Antigüedad Clásica, los que se dediquen a baremar las liviandades de nuestra época. Ellos, que nos jodieron la existencia compartida con cientos de dioses, colocándonos el monoteísmo como pendón y con el infructuoso consuelo de unos santos segundones, hablan de los monoparentales suecos.</p>
<p class="MsoNormal" style="MARGIN: 0cm 0cm 0pt; TEXT-INDENT: 35.4pt; TEXT-ALIGN: justify">Ah, lo que perdimos. Observen si no a los romanos, <span style="mso-spacerun: yes">&#160;</span>que dieron el nombre de <em style="mso-bidi-font-style: normal">indigitamenta</em> a una lista de divinidades especializadas en realizar actos simples que hacían más llevaderos ciertos actos domésticos: <em style="mso-bidi-font-style: normal">Vaticano</em> lograba que el niño lanzara su primer llanto; <em style="mso-bidi-font-style: normal">Fabulino</em> (maravilloso nombre), que dijera su primera palabra; <em style="mso-bidi-font-style: normal">Cuba</em>, que permaneciera tranquilo en la cuna; y <em style="mso-bidi-font-style: normal">Domiduca</em>, que llegara a salvo a casa. No me digan que no sería maravilloso encomendarse a este último para el regreso a casa tras una apoteósica ingesta de alcohol.</p>
<p class="MsoNormal" style="MARGIN: 0cm 0cm 0pt; TEXT-INDENT: 35.4pt; TEXT-ALIGN: justify">En fin, que no somos nadie y cada vez nos acompañan menos dioses de vuelta a casa.</p>
<p class="MsoNormal" style="MARGIN: 0cm 0cm 0pt; TEXT-INDENT: 35.4pt; TEXT-ALIGN: justify"><?xml:namespace prefix = o ns = "urn:schemas-microsoft-com:office:office" /?>
&#160;</p>
<p class="MsoNormal" style="MARGIN: 0cm 0cm 0pt; TEXT-ALIGN: justify">Post scriptum: Por cierto, si el pontífice es Benoit en francés, Benedetto en italiano y Bento en portugués, ¿por qué diablos (Dios me perdone) no le llamamos por estas latitudes con su nombre a la española? No me negarán ustedes que llamar a un Papa Benito XVI no queda cañí.</p>

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La Almudena, el neocatecumenal Kiko Argüeyo, se entrevistó con Benedicto XVI. El hombre andaba algo acongojado por cuestiones meramente porcentuales: le comentó a Su Santidad su preocupación por el hecho de que el 70 % de los suecos vivieran solos. La alarma, según él, viene al caso porque se trata de la prueba irrefutable de que “la familia se está destruyendo en toda Europa”.</p>
<p class="MsoNormal" style="MARGIN: 0cm 0cm 0pt; TEXT-ALIGN: justify"><span style="mso-tab-count: 1">&#160;&#160;&#160;&#160;&#160;&#160;&#160;&#160;&#160;&#160;&#160;</span> Me gusta imaginar el gesto desaprobatorio de Benedicto, retorciéndose en su trono ante estas oleadas de individualismo feroz que están replanteando el concepto de familia fuera del ámbito católico. “Estos <em style="mso-bidi-font-style: normal">singles</em> son unos pecadores anacreónticos”. Manda truco que sean estos señores, que segaron verdes a las divinidades<span style="mso-spacerun: yes">&#160;</span> hacinadas en<span style="mso-spacerun: yes">&#160;&#160;</span> el panteón superpoblado de la Antigüedad Clásica, los que se dediquen a baremar las liviandades de nuestra época. Ellos, que nos jodieron la existencia compartida con cientos de dioses, colocándonos el monoteísmo como pendón y con el infructuoso consuelo de unos santos segundones, hablan de los monoparentales suecos.</p>
<p class="MsoNormal" style="MARGIN: 0cm 0cm 0pt; TEXT-INDENT: 35.4pt; TEXT-ALIGN: justify">Ah, lo que perdimos. Observen si no a los romanos, <span style="mso-spacerun: yes">&#160;</span>que dieron el nombre de <em style="mso-bidi-font-style: normal">indigitamenta</em> a una lista de divinidades especializadas en realizar actos simples que hacían más llevaderos ciertos actos domésticos: <em style="mso-bidi-font-style: normal">Vaticano</em> lograba que el niño lanzara su primer llanto; <em style="mso-bidi-font-style: normal">Fabulino</em> (maravilloso nombre), que dijera su primera palabra; <em style="mso-bidi-font-style: normal">Cuba</em>, que permaneciera tranquilo en la cuna; y <em style="mso-bidi-font-style: normal">Domiduca</em>, que llegara a salvo a casa. No me digan que no sería maravilloso encomendarse a este último para el regreso a casa tras una apoteósica ingesta de alcohol.</p>
<p class="MsoNormal" style="MARGIN: 0cm 0cm 0pt; TEXT-INDENT: 35.4pt; TEXT-ALIGN: justify">En fin, que no somos nadie y cada vez nos acompañan menos dioses de vuelta a casa.</p>
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&#160;</p>
<p class="MsoNormal" style="MARGIN: 0cm 0cm 0pt; TEXT-ALIGN: justify">Post scriptum: Por cierto, si el pontífice es Benoit en francés, Benedetto en italiano y Bento en portugués, ¿por qué diablos (Dios me perdone) no le llamamos por estas latitudes con su nombre a la española? No me negarán ustedes que llamar a un Papa Benito XVI no queda cañí.</p>
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		<title>Festina lente</title>
		<link>http://fritanga.blog.com/2009/01/26/festina-lente/</link>
		<comments>http://fritanga.blog.com/2009/01/26/festina-lente/#comments</comments>
		<pubDate>Mon, 26 Jan 2009 21:12:58 +0000</pubDate>
		<dc:creator></dc:creator>
		
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		<description><![CDATA[<p class="MsoNormal" style="MARGIN: 0cm 0cm 0pt; TEXT-INDENT: 35.4pt; TEXT-ALIGN: justify"><span style="FONT-SIZE: 11pt">Los cirros de la amistad que cruzan el cielo y que nos hacen coincidir con anticiclones y tormentas que pueden llegar a cambiar nuestra vida me dieron la oportunidad de conocer a mi admirado Alejandro Luque hace un par de años. El embeleso viene motivado porque creo que estoy, como diría paradójicamente Chesterton, ante un ser de virtudes muy humanas: gran conversador, instigador cultural a la usanza de Pepín Bello (pero con obra), escritor viajero, periodista a pie de zanja, cocinero al itálico modo, y, sobre todo, lector empedernido y entusiasta. Vean si no su blog (<a href="http://alejoluque.blogspot.com/">http://alejoluque.blogspot.com/</a>), en el que da cumplida cuenta de una apabullante voracidad lectora con la lista de sus incursiones al cabo del mes. Alguna vez he hecho la cuenta: sumo las páginas de todos los libros y lo divido entre los 30 soles del lapso mensual; lo que resulta me deja con la lengua fuera. <?xml:namespace prefix = o ns = "urn:schemas-microsoft-com:office:office" /?>
</span></p>
<p class="MsoNormal" style="MARGIN: 0cm 0cm 0pt; TEXT-INDENT: 35.4pt; TEXT-ALIGN: justify"><span style="FONT-SIZE: 11pt">Por más que me empeño en seguir las sugerencias de Luque, no doy abasto. Ni siquiera recurriendo a formas de lecturas heterodoxas (en diagonal, sólo páginas pares, a golpe de párrafo, nada más que los diálogos, etc.) no logro llegar ni a la mitad de los volúmenes leídos por él. Esta tarde he rehusado a continuar con esta locura emuladora por falta de talento y porque me he topado con un libro al que sería una injusticia recorrerlo como el que pasa el índice por la balda polvorienta de una estantería. El libro en cuestión es <em style="mso-bidi-font-style: normal">Adiós. Hasta mañana</em>, del norteamericano William Maxwell, donde un narrador adulto vuelve a su adolescencia para recordar una amistad truncada a raíz de un crimen pasional. Novela corta, de frases cromáticas y melancólicas, de una concisión dolorosa. No busquen sonrisas en estos pagos; sólo encontrarán el rumor de la tristeza <span style="mso-spacerun: yes">&#160;</span>de aquel que recuerda. Lo recomiendo encarecidamente a los que gusten de la literatura de quilates. Absténganse los chicos del swing <em style="mso-bidi-font-style: normal">bestselleriano</em>.</span></p>
<p class="MsoNormal" style="MARGIN: 0cm 0cm 0pt; TEXT-INDENT: 35.4pt; TEXT-ALIGN: justify"><span style="FONT-SIZE: 11pt">Como releo este <em style="mso-bidi-font-style: normal">post</em> y lo encuentro algo desgarbado y tristón, permítanme sugerirles la visión de un documento que testimonia el talento de un señor con el que he pasado los mejores años de mi vida: mi <span><span>suegro</span></span>.<br />
<a href="http://es.youtube.com/watch?v=hVB56SamZjI">http://es.youtube.com/watch?v=hVB56SamZjI</a><br />
&#160;Lo acompañan a su diestra los señores Manolo Rivas y Álvaro Mutis.</span></p>

]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<div>
<p class="MsoNormal" style="MARGIN: 0cm 0cm 0pt; TEXT-INDENT: 35.4pt; TEXT-ALIGN: justify"><span style="FONT-SIZE: 11pt">Los cirros de la amistad que cruzan el cielo y que nos hacen coincidir con anticiclones y tormentas que pueden llegar a cambiar nuestra vida me dieron la oportunidad de conocer a mi admirado Alejandro Luque hace un par de años. El embeleso viene motivado porque creo que estoy, como diría paradójicamente Chesterton, ante un ser de virtudes muy humanas: gran conversador, instigador cultural a la usanza de Pepín Bello (pero con obra), escritor viajero, periodista a pie de zanja, cocinero al itálico modo, y, sobre todo, lector empedernido y entusiasta. Vean si no su blog (<a href="http://alejoluque.blogspot.com/">http://alejoluque.blogspot.com/</a>), en el que da cumplida cuenta de una apabullante voracidad lectora con la lista de sus incursiones al cabo del mes. Alguna vez he hecho la cuenta: sumo las páginas de todos los libros y lo divido entre los 30 soles del lapso mensual; lo que resulta me deja con la lengua fuera. <?xml:namespace prefix = o ns = "urn:schemas-microsoft-com:office:office" /?><br />
</span></p>
<p class="MsoNormal" style="MARGIN: 0cm 0cm 0pt; TEXT-INDENT: 35.4pt; TEXT-ALIGN: justify"><span style="FONT-SIZE: 11pt">Por más que me empeño en seguir las sugerencias de Luque, no doy abasto. Ni siquiera recurriendo a formas de lecturas heterodoxas (en diagonal, sólo páginas pares, a golpe de párrafo, nada más que los diálogos, etc.) no logro llegar ni a la mitad de los volúmenes leídos por él. Esta tarde he rehusado a continuar con esta locura emuladora por falta de talento y porque me he topado con un libro al que sería una injusticia recorrerlo como el que pasa el índice por la balda polvorienta de una estantería. El libro en cuestión es <em style="mso-bidi-font-style: normal">Adiós. Hasta mañana</em>, del norteamericano William Maxwell, donde un narrador adulto vuelve a su adolescencia para recordar una amistad truncada a raíz de un crimen pasional. Novela corta, de frases cromáticas y melancólicas, de una concisión dolorosa. No busquen sonrisas en estos pagos; sólo encontrarán el rumor de la tristeza <span style="mso-spacerun: yes">&#160;</span>de aquel que recuerda. Lo recomiendo encarecidamente a los que gusten de la literatura de quilates. Absténganse los chicos del swing <em style="mso-bidi-font-style: normal">bestselleriano</em>.</span></p>
<p class="MsoNormal" style="MARGIN: 0cm 0cm 0pt; TEXT-INDENT: 35.4pt; TEXT-ALIGN: justify"><span style="FONT-SIZE: 11pt">Como releo este <em style="mso-bidi-font-style: normal">post</em> y lo encuentro algo desgarbado y tristón, permítanme sugerirles la visión de un documento que testimonia el talento de un señor con el que he pasado los mejores años de mi vida: mi <span><span>suegro</span></span>.<br />
<a href="http://es.youtube.com/watch?v=hVB56SamZjI">http://es.youtube.com/watch?v=hVB56SamZjI</a><br />
&#160;Lo acompañan a su diestra los señores Manolo Rivas y Álvaro Mutis.</span></p>
</div>
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		<item>
		<title>La vida privada</title>
		<link>http://fritanga.blog.com/2009/01/13/la-vida-privada/</link>
		<comments>http://fritanga.blog.com/2009/01/13/la-vida-privada/#comments</comments>
		<pubDate>Tue, 13 Jan 2009 21:52:43 +0000</pubDate>
		<dc:creator></dc:creator>
		
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		<description><![CDATA[<p class="MsoNormal" style="MARGIN: 0cm 0cm 0pt; TEXT-INDENT: 35.4pt; TEXT-ALIGN: justify">En mi trabajo hay un tipo con cara en forma de pepino arqueado que no para de hablar por teléfono. Cada día desplaza al anterior sin ningún cambio en su actitud o postura; tan sólo hay jugosas mutaciones en lo que dice a través del aparato. Se trata de un ser que parece escapado de una novela de Millás (<em style="mso-bidi-font-style: normal">El desorden de tu nombre</em>, por ejemplo) del que conozco sus dos divorcios, sus aficiones y sus debilidades a través de las conversaciones que entabla con alguien al que nunca veo; todo ello, sin que él apenas tenga noticia de mi vida.</p>
<p class="MsoNormal" style="MARGIN: 0cm 0cm 0pt; TEXT-INDENT: 35.4pt; TEXT-ALIGN: justify">En cierta ocasión me mostró el móvil con una foto de su actual novia: señora rubia, embutida en un traje de chaqueta, pintadísima, frisando la sesentena y con cara de poder contar unas cuentas historias de desamor. Me encontré de nuevo con ella accidentalmente, esta vez en versión papel, actuando como marca páginas, perdida entre las páginas de un libro de cuentos. El protagonista de esta fritanga la <span style="mso-spacerun: yes">&#160;</span>había dejado olvidada en la zona de préstamos de la biblioteca del centro. Una historia perdida entre otras tantas.</p>
<p class="MsoNormal" style="MARGIN: 0cm 0cm 0pt; TEXT-INDENT: 35.4pt; TEXT-ALIGN: justify">Lo miro. A veces pienso que actúa, que imposta la voz, que cuando atiende a una llamada (suena el himno del City F.C. que él mismo tararea con fervor de aficionado de guardia) no hay nadie detrás de la línea. “Sí, que sí, hija, que el perchero para ti”. Cuelga, me mira y me dice: “Era mi ex. Nos repartimos el botín”.<span style="mso-spacerun: yes">&#160;</span> Así, día tras día.</p>
<p class="MsoNormal" style="MARGIN: 0cm 0cm 0pt; TEXT-INDENT: 35.4pt; TEXT-ALIGN: justify">Hoy ha comprado por teléfono un todoterreno de 35.000 €. Y es que hay gente que no tiene vergüenza.</p>

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<p class="MsoNormal" style="MARGIN: 0cm 0cm 0pt; TEXT-INDENT: 35.4pt; TEXT-ALIGN: justify">En mi trabajo hay un tipo con cara en forma de pepino arqueado que no para de hablar por teléfono. Cada día desplaza al anterior sin ningún cambio en su actitud o postura; tan sólo hay jugosas mutaciones en lo que dice a través del aparato. Se trata de un ser que parece escapado de una novela de Millás (<em style="mso-bidi-font-style: normal">El desorden de tu nombre</em>, por ejemplo) del que conozco sus dos divorcios, sus aficiones y sus debilidades a través de las conversaciones que entabla con alguien al que nunca veo; todo ello, sin que él apenas tenga noticia de mi vida.</p>
<p class="MsoNormal" style="MARGIN: 0cm 0cm 0pt; TEXT-INDENT: 35.4pt; TEXT-ALIGN: justify">En cierta ocasión me mostró el móvil con una foto de su actual novia: señora rubia, embutida en un traje de chaqueta, pintadísima, frisando la sesentena y con cara de poder contar unas cuentas historias de desamor. Me encontré de nuevo con ella accidentalmente, esta vez en versión papel, actuando como marca páginas, perdida entre las páginas de un libro de cuentos. El protagonista de esta fritanga la <span style="mso-spacerun: yes">&#160;</span>había dejado olvidada en la zona de préstamos de la biblioteca del centro. Una historia perdida entre otras tantas.</p>
<p class="MsoNormal" style="MARGIN: 0cm 0cm 0pt; TEXT-INDENT: 35.4pt; TEXT-ALIGN: justify">Lo miro. A veces pienso que actúa, que imposta la voz, que cuando atiende a una llamada (suena el himno del City F.C. que él mismo tararea con fervor de aficionado de guardia) no hay nadie detrás de la línea. “Sí, que sí, hija, que el perchero para ti”. Cuelga, me mira y me dice: “Era mi ex. Nos repartimos el botín”.<span style="mso-spacerun: yes">&#160;</span> Así, día tras día.</p>
<p class="MsoNormal" style="MARGIN: 0cm 0cm 0pt; TEXT-INDENT: 35.4pt; TEXT-ALIGN: justify">Hoy ha comprado por teléfono un todoterreno de 35.000 €. Y es que hay gente que no tiene vergüenza.</p>
</div>
<div></div>
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		<title>Escolleras</title>
		<link>http://fritanga.blog.com/2009/01/12/escolleras/</link>
		<comments>http://fritanga.blog.com/2009/01/12/escolleras/#comments</comments>
		<pubDate>Mon, 12 Jan 2009 22:01:20 +0000</pubDate>
		<dc:creator></dc:creator>
		
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		<description><![CDATA[<p align="justify">&#160;&#160;&#160;&#160;“Yo alquimista de mí mismo. ¿Soy un hombre que se devora?”. Así se lo preguntaba el autor-personaje de la novela póstuma de Clarice Lispector <em>Un soplo de vida</em>. El libro me dejó triste, apesadumbrado, seguramente porque entre los intersticios de luz que regalaban las palabras se colaba un rumor melancólico con regusto a fin de viaje y se respondía a la cuestión lanzada. A esa respuesta se sumó la siguiente lectura: <em>Un campo de amapolas blancas</em>, de Gonzalo Hidalgo Bayal. Ésta siguió hendiendo las partes sanas de mi corazón. Si algunos de ustedes se aventuran a descorrer las telas del volumen, sepan que se toparan con una historia sencilla sobre la pérdida de la juventud, la desaparición de las ilusiones y el dolor que conlleva el ejercicio de la memoria. Tal vez no les parezca una gran novela, pero a mí me trajo el recuerdo inexplicable de un día de mi alejada juventud. De hecho, saqué la libreta de la que me acompaño en estas jornadas de lector y anoté lo siguiente (advierto que no es apto para almas fuertes y alejadas de tales emociones): <em>He chocado contra las escolleras de la memoria; la nada fortuita de las palabras inventadas me ha traído el calor de un día exacto de verano en que fui joven. Nunca más ese calor, ni yo, ni aquel verano.</em>&#160;<br />
&#160;&#160;&#160;&#160;Con esta voracidad nos tratan las tardes de invierno y toda esa patraña del <em>tempus</em> <em>fugit</em>, que, a veces, en extrañas ocasiones, duele un poquito. Feliz jornada.</p>

]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<div>
<p align="justify">&#160;&#160;&#160;&#160;“Yo alquimista de mí mismo. ¿Soy un hombre que se devora?”. Así se lo preguntaba el autor-personaje de la novela póstuma de Clarice Lispector <em>Un soplo de vida</em>. El libro me dejó triste, apesadumbrado, seguramente porque entre los intersticios de luz que regalaban las palabras se colaba un rumor melancólico con regusto a fin de viaje y se respondía a la cuestión lanzada. A esa respuesta se sumó la siguiente lectura: <em>Un campo de amapolas blancas</em>, de Gonzalo Hidalgo Bayal. Ésta siguió hendiendo las partes sanas de mi corazón. Si algunos de ustedes se aventuran a descorrer las telas del volumen, sepan que se toparan con una historia sencilla sobre la pérdida de la juventud, la desaparición de las ilusiones y el dolor que conlleva el ejercicio de la memoria. Tal vez no les parezca una gran novela, pero a mí me trajo el recuerdo inexplicable de un día de mi alejada juventud. De hecho, saqué la libreta de la que me acompaño en estas jornadas de lector y anoté lo siguiente (advierto que no es apto para almas fuertes y alejadas de tales emociones): <em>He chocado contra las escolleras de la memoria; la nada fortuita de las palabras inventadas me ha traído el calor de un día exacto de verano en que fui joven. Nunca más ese calor, ni yo, ni aquel verano.</em>&#160;<br />
&#160;&#160;&#160;&#160;Con esta voracidad nos tratan las tardes de invierno y toda esa patraña del <em>tempus</em> <em>fugit</em>, que, a veces, en extrañas ocasiones, duele un poquito. Feliz jornada.</p>
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		<title>Perlas por el aire</title>
		<link>http://fritanga.blog.com/2009/01/11/perlas-por-el-aire/</link>
		<comments>http://fritanga.blog.com/2009/01/11/perlas-por-el-aire/#comments</comments>
		<pubDate>Sun, 11 Jan 2009 20:39:18 +0000</pubDate>
		<dc:creator></dc:creator>
		
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		<description><![CDATA[<p class="MsoNormal" style="MARGIN: 0cm 0cm 0pt; TEXT-INDENT: 35.4pt; TEXT-ALIGN: justify"><span style="FONT-SIZE: 11pt">Muñoz Molina dice que pasó una estupenda jornada lectora con <em><em style="mso-bidi-font-style: normal"><span style="FONT-WEIGHT: normal; mso-bidi-font-weight: bold">The Lost Art of Walking</span></em></em><strong style="mso-bidi-font-weight: normal"><em style="mso-bidi-font-style: normal">:</em></strong> <em style="mso-bidi-font-style: normal">The History, Science, and Literature of Pedestrianism</em> de Geoff Nicholson. Lo contó hace unos sábados en un artículo que tituló <em style="mso-bidi-font-style: normal">Prosa caminada</em> (<em style="mso-bidi-font-style: normal">Babelia</em>, 27-12-08), donde afirmaba que hacía tiempo que había cambiado el <em style="mso-bidi-font-style: normal">i-pod</em> de sus paseos por la melodía fortuita y siempre sorprendente de las conversaciones de urbanitas cazadas al vuelo. “Caminar y escribir acaban siendo aspectos del mismo oficio ambulante”. Que se lo digan si no a Baudelaire, pre-situacionista jugando a perderse por Lutecia (vid. “A una paseante”), o al protagonista de <em style="mso-bidi-font-style: normal">El hombre de las multitudes</em> de Poe. Yo, que también intento nutrirme de esta suerte de cofre del tesoro que son las palabras robadas por las esquina, observo como algunos de mis más fieles fritangas han puesto en solfa la autenticidad del diálogo que reproduje, con algún toque reprobablemente <em style="mso-bidi-font-style: normal">alvarezquinteriano</em>, en el <em style="mso-bidi-font-style: normal">post</em> anterior. Me temo que, con escaso honor a la verdad y tal vez intentando tapar con argamasa las veleidades de la memoria, sólo colé lo de María del Monte,&#160;quizás llevado por el fácil aroma del costumbrismo. Nada más, lo prometo.<?xml:namespace prefix = o ns = "urn:schemas-microsoft-com:office:office" /?>
</span></p>
<p class="MsoNormal" style="MARGIN: 0cm 0cm 0pt; TEXT-ALIGN: justify"><span style="FONT-SIZE: 11pt">&#160;</span></p>
<p class="MsoNormal" style="MARGIN: 0cm 0cm 0pt; TEXT-ALIGN: justify"><span style="FONT-SIZE: 11pt"><span style="mso-tab-count: 1">&#160;&#160;&#160;&#160;&#160;&#160;&#160;&#160;&#160;&#160;&#160;</span> De todas formas, les aconsejo que peguen el oído, que estén atentos en sus trabajos, en sus traslados de un lugar a otro, en sus esperas, a esas píldoras nacaradas que de vez en cuando caen al vacío sin que nadie las recoja. Aquí van dos:</span></p>
<p class="MsoNormal" style="MARGIN: 0cm 0cm 0pt; TEXT-ALIGN: justify"><span style="FONT-SIZE: 11pt">&#160;</span></p>
<p class="MsoNormal" style="MARGIN: 0cm 0cm 0pt 54pt; TEXT-INDENT: -36pt; TEXT-ALIGN: justify; mso-list: l0 level1 lfo1; tab-stops: list 54.0pt"><span style="FONT-SIZE: 11pt"><span style="mso-list: Ignore">I.<span style="FONT: 7pt 'Times New Roman'">&#160;&#160;&#160;&#160;&#160;&#160;&#160;&#160;&#160;&#160;&#160;&#160;&#160;&#160;&#160;&#160;&#160;&#160;&#160;</span></span></span> <span style="FONT-SIZE: 11pt">En una conversación en la biblioteca pública entre una usuaria y una funcionaria, la primera le dice a la segunda que echa de menos a una de las anteriores bibliotecarias. El recuerdo venía motivado por el hecho de que la desaparecida (catapultada a un puesto de más enjundia) era una mujer muy “balsámica”, a lo que su interlocutora no dudó en añadir un sí rotundo. Ni el mismo maestro Pla habría dado una adjetivación tan original a una señora que, como pude colegir, se encontraba entre la mística de Paulo Coelho y las lecciones quirománticas de algún espabilado <span style="mso-spacerun: yes">&#160;</span>escritor de libros de autoayuda para tener esa condición de <em style="mso-bidi-font-style: normal">vic vaporub</em> espiritual.</span></p>
<p class="MsoNormal" style="MARGIN: 0cm 0cm 0pt 18pt; TEXT-ALIGN: justify"><span style="FONT-SIZE: 11pt">&#160;</span></p>
<p class="MsoNormal" style="MARGIN: 0cm 0cm 0pt 54pt; TEXT-INDENT: -36pt; TEXT-ALIGN: justify; mso-list: l0 level1 lfo1; tab-stops: list 54.0pt"><span style="FONT-SIZE: 11pt"><span style="mso-list: Ignore">II.<span style="FONT: 7pt 'Times New Roman'">&#160;&#160;&#160;&#160;&#160;&#160;&#160;&#160;&#160;&#160;&#160;&#160;&#160;&#160;&#160;&#160;</span></span></span> <span style="FONT-SIZE: 11pt">En una cena con una pareja vecina, el noviete se autoproclamó gran lector de literatura histórico-esvastica-grialistica-templaria de tocho a 20 € como mínimo la pieza. Todo ello lo quiso atestiguar con el argumento “resumido” de <em style="mso-bidi-font-style: normal">El fuego</em> de Katherine Neville, autora del otro <em style="mso-bidi-font-style: normal">bestselleriano El ocho</em> (del que también pude catar algo de su argumento). El pirenaico somontano no ayudó mucho: era escaso y se lo servía para él solito. Ya en los postres, cuando los meandros de la <span style="mso-spacerun: yes">&#160;</span>conversación nos dirigían hacia aguas más ingenuas, contraatacó con lo siguiente: su padre le había regalado en un viaje al Norte <em style="mso-bidi-font-style: normal">La casa de <?xml:namespace prefix = st1 ns = "urn:schemas-microsoft-com:office:smarttags" /?>
la Troya</em>, del <span style="mso-spacerun: yes">&#160;</span>escritor costumbrista Pérez Lugín. Desde aquel entonces no había parado hasta encontrar otras de las <em style="mso-bidi-font-style: normal">memorables</em> obras del autor gallego. Con apasionamiento me habló esta vez de <em>Currito de la Cruz</em> <span style="mso-bidi-font-style: italic">y de <em>La virgen del Rocio ya entró en Triana</em>, novelas que, “si<span style="mso-spacerun: yes">&#160;</span> bien no llegaban al nivel de la ambientada en Compostela, no dejaban mal sabor de boca”. No pude dejar de prometerle que las leería en cuanto tuviera ocasión. El joven, ante la imposibilidad de hacerme con ellas, se ofreció a proporcionármelas él directamente.</span></span></p>
<p class="MsoNormal" style="MARGIN: 0cm 0cm 0pt 18pt; TEXT-ALIGN: justify"><span style="FONT-SIZE: 11pt; mso-bidi-font-style: italic">&#160;</span></p>
<p class="MsoNormal" style="MARGIN: 0cm 0cm 0pt; TEXT-INDENT: 35.4pt; TEXT-ALIGN: justify"><span style="FONT-SIZE: 11pt; mso-bidi-font-style: italic">Créanme, todo esto está por ahí, vagando sin ningún dueño por el aire de la ciudad, dentro de los autobuses, en los hogares de gente como ustedes y como yo. Agucen el oído; les prometo que no se arrepentirán.</span> <span style="FONT-SIZE: 11pt">Por cierto, se les agradecería algún comentario motivador en plan <em>insert coin.</em></span></p>

]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<div>
<p class="MsoNormal" style="MARGIN: 0cm 0cm 0pt; TEXT-INDENT: 35.4pt; TEXT-ALIGN: justify"><span style="FONT-SIZE: 11pt">Muñoz Molina dice que pasó una estupenda jornada lectora con <em><em style="mso-bidi-font-style: normal"><span style="FONT-WEIGHT: normal; mso-bidi-font-weight: bold">The Lost Art of Walking</span></em></em><strong style="mso-bidi-font-weight: normal"><em style="mso-bidi-font-style: normal">:</em></strong> <em style="mso-bidi-font-style: normal">The History, Science, and Literature of Pedestrianism</em> de Geoff Nicholson. Lo contó hace unos sábados en un artículo que tituló <em style="mso-bidi-font-style: normal">Prosa caminada</em> (<em style="mso-bidi-font-style: normal">Babelia</em>, 27-12-08), donde afirmaba que hacía tiempo que había cambiado el <em style="mso-bidi-font-style: normal">i-pod</em> de sus paseos por la melodía fortuita y siempre sorprendente de las conversaciones de urbanitas cazadas al vuelo. “Caminar y escribir acaban siendo aspectos del mismo oficio ambulante”. Que se lo digan si no a Baudelaire, pre-situacionista jugando a perderse por Lutecia (vid. “A una paseante”), o al protagonista de <em style="mso-bidi-font-style: normal">El hombre de las multitudes</em> de Poe. Yo, que también intento nutrirme de esta suerte de cofre del tesoro que son las palabras robadas por las esquina, observo como algunos de mis más fieles fritangas han puesto en solfa la autenticidad del diálogo que reproduje, con algún toque reprobablemente <em style="mso-bidi-font-style: normal">alvarezquinteriano</em>, en el <em style="mso-bidi-font-style: normal">post</em> anterior. Me temo que, con escaso honor a la verdad y tal vez intentando tapar con argamasa las veleidades de la memoria, sólo colé lo de María del Monte,&#160;quizás llevado por el fácil aroma del costumbrismo. Nada más, lo prometo.<?xml:namespace prefix = o ns = "urn:schemas-microsoft-com:office:office" /?><br />
</span></p>
<p class="MsoNormal" style="MARGIN: 0cm 0cm 0pt; TEXT-ALIGN: justify"><span style="FONT-SIZE: 11pt">&#160;</span></p>
<p class="MsoNormal" style="MARGIN: 0cm 0cm 0pt; TEXT-ALIGN: justify"><span style="FONT-SIZE: 11pt"><span style="mso-tab-count: 1">&#160;&#160;&#160;&#160;&#160;&#160;&#160;&#160;&#160;&#160;&#160;</span> De todas formas, les aconsejo que peguen el oído, que estén atentos en sus trabajos, en sus traslados de un lugar a otro, en sus esperas, a esas píldoras nacaradas que de vez en cuando caen al vacío sin que nadie las recoja. Aquí van dos:</span></p>
<p class="MsoNormal" style="MARGIN: 0cm 0cm 0pt; TEXT-ALIGN: justify"><span style="FONT-SIZE: 11pt">&#160;</span></p>
<p class="MsoNormal" style="MARGIN: 0cm 0cm 0pt 54pt; TEXT-INDENT: -36pt; TEXT-ALIGN: justify; mso-list: l0 level1 lfo1; tab-stops: list 54.0pt"><span style="FONT-SIZE: 11pt"><span style="mso-list: Ignore">I.<span style="FONT: 7pt 'Times New Roman'">&#160;&#160;&#160;&#160;&#160;&#160;&#160;&#160;&#160;&#160;&#160;&#160;&#160;&#160;&#160;&#160;&#160;&#160;&#160;</span></span></span> <span style="FONT-SIZE: 11pt">En una conversación en la biblioteca pública entre una usuaria y una funcionaria, la primera le dice a la segunda que echa de menos a una de las anteriores bibliotecarias. El recuerdo venía motivado por el hecho de que la desaparecida (catapultada a un puesto de más enjundia) era una mujer muy “balsámica”, a lo que su interlocutora no dudó en añadir un sí rotundo. Ni el mismo maestro Pla habría dado una adjetivación tan original a una señora que, como pude colegir, se encontraba entre la mística de Paulo Coelho y las lecciones quirománticas de algún espabilado <span style="mso-spacerun: yes">&#160;</span>escritor de libros de autoayuda para tener esa condición de <em style="mso-bidi-font-style: normal">vic vaporub</em> espiritual.</span></p>
<p class="MsoNormal" style="MARGIN: 0cm 0cm 0pt 18pt; TEXT-ALIGN: justify"><span style="FONT-SIZE: 11pt">&#160;</span></p>
<p class="MsoNormal" style="MARGIN: 0cm 0cm 0pt 54pt; TEXT-INDENT: -36pt; TEXT-ALIGN: justify; mso-list: l0 level1 lfo1; tab-stops: list 54.0pt"><span style="FONT-SIZE: 11pt"><span style="mso-list: Ignore">II.<span style="FONT: 7pt 'Times New Roman'">&#160;&#160;&#160;&#160;&#160;&#160;&#160;&#160;&#160;&#160;&#160;&#160;&#160;&#160;&#160;&#160;</span></span></span> <span style="FONT-SIZE: 11pt">En una cena con una pareja vecina, el noviete se autoproclamó gran lector de literatura histórico-esvastica-grialistica-templaria de tocho a 20 € como mínimo la pieza. Todo ello lo quiso atestiguar con el argumento “resumido” de <em style="mso-bidi-font-style: normal">El fuego</em> de Katherine Neville, autora del otro <em style="mso-bidi-font-style: normal">bestselleriano El ocho</em> (del que también pude catar algo de su argumento). El pirenaico somontano no ayudó mucho: era escaso y se lo servía para él solito. Ya en los postres, cuando los meandros de la <span style="mso-spacerun: yes">&#160;</span>conversación nos dirigían hacia aguas más ingenuas, contraatacó con lo siguiente: su padre le había regalado en un viaje al Norte <em style="mso-bidi-font-style: normal">La casa de <?xml:namespace prefix = st1 ns = "urn:schemas-microsoft-com:office:smarttags" /?><br />
la Troya</em>, del <span style="mso-spacerun: yes">&#160;</span>escritor costumbrista Pérez Lugín. Desde aquel entonces no había parado hasta encontrar otras de las <em style="mso-bidi-font-style: normal">memorables</em> obras del autor gallego. Con apasionamiento me habló esta vez de <em>Currito de la Cruz</em> <span style="mso-bidi-font-style: italic">y de <em>La virgen del Rocio ya entró en Triana</em>, novelas que, “si<span style="mso-spacerun: yes">&#160;</span> bien no llegaban al nivel de la ambientada en Compostela, no dejaban mal sabor de boca”. No pude dejar de prometerle que las leería en cuanto tuviera ocasión. El joven, ante la imposibilidad de hacerme con ellas, se ofreció a proporcionármelas él directamente.</span></span></p>
<p class="MsoNormal" style="MARGIN: 0cm 0cm 0pt 18pt; TEXT-ALIGN: justify"><span style="FONT-SIZE: 11pt; mso-bidi-font-style: italic">&#160;</span></p>
<p class="MsoNormal" style="MARGIN: 0cm 0cm 0pt; TEXT-INDENT: 35.4pt; TEXT-ALIGN: justify"><span style="FONT-SIZE: 11pt; mso-bidi-font-style: italic">Créanme, todo esto está por ahí, vagando sin ningún dueño por el aire de la ciudad, dentro de los autobuses, en los hogares de gente como ustedes y como yo. Agucen el oído; les prometo que no se arrepentirán.</span> <span style="FONT-SIZE: 11pt">Por cierto, se les agradecería algún comentario motivador en plan <em>insert coin.</em></span></p>
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		<title>La otra vida de Paris Hilton</title>
		<link>http://fritanga.blog.com/2008/12/26/la-otra-vida-de-paris-hilton/</link>
		<comments>http://fritanga.blog.com/2008/12/26/la-otra-vida-de-paris-hilton/#comments</comments>
		<pubDate>Fri, 26 Dec 2008 10:21:28 +0000</pubDate>
		<dc:creator></dc:creator>
		
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		<description><![CDATA[<p class="MsoNormal" style="MARGIN: 0cm 0cm 0pt; TEXT-INDENT: 18pt; TEXT-ALIGN: justify">Stephen Vizinczey, en su excelente libro <em style="mso-bidi-font-style: normal">Verdad y mentiras en la literatura,</em> aconsejaba en el apartado octavo de su decálogo para novelistas en ciernes lo siguiente: “<span style="COLOR: black">No adorarás Londres–Nueva York–París”. El húngaro daba aliento así a los pobres escritores que habitan en el área metropolitana de <?xml:namespace prefix = st1 ns = "urn:schemas-microsoft-com:office:smarttags" /?>
la República Mundial de las Letras y cuestionaba que en lugares de menos de 6 millones de habitantes no pudiera ocurrir algo destacable. Sin ir más lejos, ahí tienen al bueno de Faulkner, que trufó su escritura de personajes e historias que salían de las entrañas del abandonado Sur de los EE.UU., y un día se acercó por Estocolmo a recoger no sé qué premio (también fueron Echegaray y Benavente, con lo que es preciso saber de qué hablamos). Quiero pensar que si el engarzador de historias Paul Auster viviera en mi localidad, sacaría tanto petróleo como le saca a N.Y. City. <?xml:namespace prefix = o ns = "urn:schemas-microsoft-com:office:office" /?>
</span></p>
<p class="MsoNormal" style="MARGIN: 0cm 0cm 0pt; TEXT-INDENT: 18pt; TEXT-ALIGN: justify"><span style="COLOR: black">Yo mismo, aprendiz de brujo, me vi envuelto hace un par de día en una ola de gran literatura oral que me ha arrastrado hasta las playas de mi teclado para que se lo narre al primero que pase por aquí.</span></p>
<p class="MsoNormal" style="MARGIN: 0cm 0cm 0pt; TEXT-INDENT: 18pt; TEXT-ALIGN: justify"><span style="COLOR: black">El miércoles quedé en un bar para tomar unas cervezas con mis queridos amigos del pueblo. Cuando entré en el establecimiento, el dueño del local estaba junto a los únicos parroquianos que visitaban el lugar desgranando sus cuitas con la que, en un primer momento, supuse que sería su mujer. Para no sentirme como un polizón en barco ajeno, alcancé la prensa y me puse a intentar leer. Me acordé de mi <em style="mso-bidi-font-style: normal">pana</em> J., que siempre halagó a la ciudad de Gijón porque cualquiera de sus baretos, por muy cutre que fuera, ofrecía al menos cinco periódicos diferentes. Como podrán imaginar, yo sólo pude optar por pasar las páginas del sempiterno ABC (edición de la City). <span style="mso-spacerun: yes">&#160;</span>Tras comprobar que Iwasaki opina que “Sevilla es una ciudad muy dramática, pero con poco teatro” (sabrá el peruano que el Teatro Central tiene una programación bastante solvente o que Juan Mayorga no hace mucho que estuvo por aquí), no pude escapar al seductor canto de la sirena que estaba al otro lado de la barra. Esto que viene a continuación es la transcripción, más o menos exacta, de lo que allí se ofreció:</span></p>
<p class="MsoNormal" style="MARGIN: 0cm 0cm 0pt; TEXT-ALIGN: justify"><span style="COLOR: black">&#160;</span></p>
<p class="MsoNormal" style="MARGIN: 0cm 0cm 0pt 36pt; TEXT-INDENT: -18pt; TEXT-ALIGN: justify; mso-list: l0 level1 lfo1; tab-stops: list 36.0pt"><span style="COLOR: black"><span style="mso-list: Ignore">–<span style="FONT: 7pt 'Times New Roman'">&#160;&#160;&#160;&#160;&#160;&#160;&#160;</span></span></span> <em style="mso-bidi-font-style: normal"><span style="COLOR: black">Quillo, que la Jenny es mu cabruna, que después de cinco años me llama y me dice que se acabó (</span></em><span style="COLOR: black">asentimiento e incredulidad en los receptores<em style="mso-bidi-font-style: normal">). Y sabe lo que digo, que en cuanto me lo ha dicho me ha empezao a palpitá la punta der tema… y eso quiere decí que siento argo. Ahora voy a tirá de agenda y…y…</em></span></p>
<p class="MsoNormal" style="MARGIN: 0cm 0cm 0pt 36pt; TEXT-INDENT: -18pt; TEXT-ALIGN: justify; mso-list: l0 level1 lfo1; tab-stops: list 36.0pt"><span style="mso-list: Ignore">–<span style="FONT: 7pt 'Times New Roman'">&#160;&#160;&#160;&#160;&#160;&#160;&#160;</span></span> <em style="mso-bidi-font-style: normal"><span style="COLOR: black">Illo, que las agendas caducan al año.</span></em></p>
<p class="MsoNormal" style="MARGIN: 0cm 0cm 0pt 36pt; TEXT-INDENT: -18pt; TEXT-ALIGN: justify; mso-list: l0 level1 lfo1; tab-stops: list 36.0pt"><span style="mso-list: Ignore">–<span style="FONT: 7pt 'Times New Roman'">&#160;&#160;&#160;&#160;&#160;&#160;&#160;</span></span> <em style="mso-bidi-font-style: normal"><span style="COLOR: black">Que no, que seguro que llamo a la Bea, la psicóloga, y me harto. Me van a salí ampollas…</span></em></p>
<p class="MsoNormal" style="MARGIN: 0cm 0cm 0pt 36pt; TEXT-INDENT: -18pt; TEXT-ALIGN: justify; mso-list: l0 level1 lfo1; tab-stops: list 36.0pt"><span style="mso-list: Ignore">–<span style="FONT: 7pt 'Times New Roman'">&#160;&#160;&#160;&#160;&#160;&#160;&#160;</span></span> <em style="mso-bidi-font-style: normal"><span style="COLOR: black">En la mano, en la mano…(</span></em><span style="COLOR: black">risas<em style="mso-bidi-font-style: normal">)</em></span></p>
<p class="MsoNormal" style="MARGIN: 0cm 0cm 0pt 36pt; TEXT-INDENT: -18pt; TEXT-ALIGN: justify; mso-list: l0 level1 lfo1; tab-stops: list 36.0pt"><span style="mso-list: Ignore">–<span style="FONT: 7pt 'Times New Roman'">&#160;&#160;&#160;&#160;&#160;&#160;&#160;</span></span> <em style="mso-bidi-font-style: normal"><span style="COLOR: black">Además, la Jenny me tenía la casa como una zahúrda; que venía yo hartito de trabajá y tenía que quitá los papeles de los bollycaos que se comía la hijaputa viendo a la María der Monte.</span> Pero ahora qué va a hacer si mí, si no tiene un pavo y conmigo ha vivío de puta madre: que si ropita, toma ropita; que si Marina D´Or, er Quini 3000 € pa Marina<span style="mso-spacerun: yes">&#160;</span> D´Or de los cojones…</em></p>
<p class="MsoNormal" style="MARGIN: 0cm 0cm 0pt 36pt; TEXT-INDENT: -18pt; TEXT-ALIGN: justify; mso-list: l0 level1 lfo1; tab-stops: list 36.0pt"><span style="mso-list: Ignore">–<span style="FONT: 7pt 'Times New Roman'">&#160;&#160;&#160;&#160;&#160;&#160;&#160;</span></span> <em style="mso-bidi-font-style: normal">Aro, aro…</em></p>
<p class="MsoNormal" style="MARGIN: 0cm 0cm 0pt 36pt; TEXT-INDENT: -18pt; TEXT-ALIGN: justify; mso-list: l0 level1 lfo1; tab-stops: list 36.0pt"><span style="mso-list: Ignore">–<span style="FONT: 7pt 'Times New Roman'">&#160;&#160;&#160;&#160;&#160;&#160;&#160;</span></span> <em style="mso-bidi-font-style: normal">¿Y ahora qué? ¿De qué va a viví ésta? Eso es como si a Paris Hilton le das nuestra vida…</em></p>
<p class="MsoNormal" style="MARGIN: 0cm 0cm 0pt; TEXT-ALIGN: justify">&#160;</p>
<p class="MsoNormal" style="MARGIN: 0cm 0cm 0pt; TEXT-INDENT: 18pt; TEXT-ALIGN: justify">Ahí acabó la escucha. La nueva clientela que entraba me privó de deleitarme algo más con semejante discurso de macho ibérico con todos sus atributos sexuales, sociales, económicos y culturales. ¿Es este el hombre de nuestro tiempo? La respuesta, queridos míos, está en los bares.<br /></p>
<p class="MsoNormal" style="MARGIN: 0cm 0cm 0pt; TEXT-INDENT: 18pt; TEXT-ALIGN: justify"><br />
POST SCRIPTUM: No dejen de pensar en ese aforismo final sobre Paris Hilton, les aseguro que les dará para reflexionar muchísimo.</p>

]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<div>
<p class="MsoNormal" style="MARGIN: 0cm 0cm 0pt; TEXT-INDENT: 18pt; TEXT-ALIGN: justify">Stephen Vizinczey, en su excelente libro <em style="mso-bidi-font-style: normal">Verdad y mentiras en la literatura,</em> aconsejaba en el apartado octavo de su decálogo para novelistas en ciernes lo siguiente: “<span style="COLOR: black">No adorarás Londres–Nueva York–París”. El húngaro daba aliento así a los pobres escritores que habitan en el área metropolitana de <?xml:namespace prefix = st1 ns = "urn:schemas-microsoft-com:office:smarttags" /?><br />
la República Mundial de las Letras y cuestionaba que en lugares de menos de 6 millones de habitantes no pudiera ocurrir algo destacable. Sin ir más lejos, ahí tienen al bueno de Faulkner, que trufó su escritura de personajes e historias que salían de las entrañas del abandonado Sur de los EE.UU., y un día se acercó por Estocolmo a recoger no sé qué premio (también fueron Echegaray y Benavente, con lo que es preciso saber de qué hablamos). Quiero pensar que si el engarzador de historias Paul Auster viviera en mi localidad, sacaría tanto petróleo como le saca a N.Y. City. <?xml:namespace prefix = o ns = "urn:schemas-microsoft-com:office:office" /?><br />
</span></p>
<p class="MsoNormal" style="MARGIN: 0cm 0cm 0pt; TEXT-INDENT: 18pt; TEXT-ALIGN: justify"><span style="COLOR: black">Yo mismo, aprendiz de brujo, me vi envuelto hace un par de día en una ola de gran literatura oral que me ha arrastrado hasta las playas de mi teclado para que se lo narre al primero que pase por aquí.</span></p>
<p class="MsoNormal" style="MARGIN: 0cm 0cm 0pt; TEXT-INDENT: 18pt; TEXT-ALIGN: justify"><span style="COLOR: black">El miércoles quedé en un bar para tomar unas cervezas con mis queridos amigos del pueblo. Cuando entré en el establecimiento, el dueño del local estaba junto a los únicos parroquianos que visitaban el lugar desgranando sus cuitas con la que, en un primer momento, supuse que sería su mujer. Para no sentirme como un polizón en barco ajeno, alcancé la prensa y me puse a intentar leer. Me acordé de mi <em style="mso-bidi-font-style: normal">pana</em> J., que siempre halagó a la ciudad de Gijón porque cualquiera de sus baretos, por muy cutre que fuera, ofrecía al menos cinco periódicos diferentes. Como podrán imaginar, yo sólo pude optar por pasar las páginas del sempiterno ABC (edición de la City). <span style="mso-spacerun: yes">&#160;</span>Tras comprobar que Iwasaki opina que “Sevilla es una ciudad muy dramática, pero con poco teatro” (sabrá el peruano que el Teatro Central tiene una programación bastante solvente o que Juan Mayorga no hace mucho que estuvo por aquí), no pude escapar al seductor canto de la sirena que estaba al otro lado de la barra. Esto que viene a continuación es la transcripción, más o menos exacta, de lo que allí se ofreció:</span></p>
<p class="MsoNormal" style="MARGIN: 0cm 0cm 0pt; TEXT-ALIGN: justify"><span style="COLOR: black">&#160;</span></p>
<p class="MsoNormal" style="MARGIN: 0cm 0cm 0pt 36pt; TEXT-INDENT: -18pt; TEXT-ALIGN: justify; mso-list: l0 level1 lfo1; tab-stops: list 36.0pt"><span style="COLOR: black"><span style="mso-list: Ignore">–<span style="FONT: 7pt 'Times New Roman'">&#160;&#160;&#160;&#160;&#160;&#160;&#160;</span></span></span> <em style="mso-bidi-font-style: normal"><span style="COLOR: black">Quillo, que la Jenny es mu cabruna, que después de cinco años me llama y me dice que se acabó (</span></em><span style="COLOR: black">asentimiento e incredulidad en los receptores<em style="mso-bidi-font-style: normal">). Y sabe lo que digo, que en cuanto me lo ha dicho me ha empezao a palpitá la punta der tema… y eso quiere decí que siento argo. Ahora voy a tirá de agenda y…y…</em></span></p>
<p class="MsoNormal" style="MARGIN: 0cm 0cm 0pt 36pt; TEXT-INDENT: -18pt; TEXT-ALIGN: justify; mso-list: l0 level1 lfo1; tab-stops: list 36.0pt"><span style="mso-list: Ignore">–<span style="FONT: 7pt 'Times New Roman'">&#160;&#160;&#160;&#160;&#160;&#160;&#160;</span></span> <em style="mso-bidi-font-style: normal"><span style="COLOR: black">Illo, que las agendas caducan al año.</span></em></p>
<p class="MsoNormal" style="MARGIN: 0cm 0cm 0pt 36pt; TEXT-INDENT: -18pt; TEXT-ALIGN: justify; mso-list: l0 level1 lfo1; tab-stops: list 36.0pt"><span style="mso-list: Ignore">–<span style="FONT: 7pt 'Times New Roman'">&#160;&#160;&#160;&#160;&#160;&#160;&#160;</span></span> <em style="mso-bidi-font-style: normal"><span style="COLOR: black">Que no, que seguro que llamo a la Bea, la psicóloga, y me harto. Me van a salí ampollas…</span></em></p>
<p class="MsoNormal" style="MARGIN: 0cm 0cm 0pt 36pt; TEXT-INDENT: -18pt; TEXT-ALIGN: justify; mso-list: l0 level1 lfo1; tab-stops: list 36.0pt"><span style="mso-list: Ignore">–<span style="FONT: 7pt 'Times New Roman'">&#160;&#160;&#160;&#160;&#160;&#160;&#160;</span></span> <em style="mso-bidi-font-style: normal"><span style="COLOR: black">En la mano, en la mano…(</span></em><span style="COLOR: black">risas<em style="mso-bidi-font-style: normal">)</em></span></p>
<p class="MsoNormal" style="MARGIN: 0cm 0cm 0pt 36pt; TEXT-INDENT: -18pt; TEXT-ALIGN: justify; mso-list: l0 level1 lfo1; tab-stops: list 36.0pt"><span style="mso-list: Ignore">–<span style="FONT: 7pt 'Times New Roman'">&#160;&#160;&#160;&#160;&#160;&#160;&#160;</span></span> <em style="mso-bidi-font-style: normal"><span style="COLOR: black">Además, la Jenny me tenía la casa como una zahúrda; que venía yo hartito de trabajá y tenía que quitá los papeles de los bollycaos que se comía la hijaputa viendo a la María der Monte.</span> Pero ahora qué va a hacer si mí, si no tiene un pavo y conmigo ha vivío de puta madre: que si ropita, toma ropita; que si Marina D´Or, er Quini 3000 € pa Marina<span style="mso-spacerun: yes">&#160;</span> D´Or de los cojones…</em></p>
<p class="MsoNormal" style="MARGIN: 0cm 0cm 0pt 36pt; TEXT-INDENT: -18pt; TEXT-ALIGN: justify; mso-list: l0 level1 lfo1; tab-stops: list 36.0pt"><span style="mso-list: Ignore">–<span style="FONT: 7pt 'Times New Roman'">&#160;&#160;&#160;&#160;&#160;&#160;&#160;</span></span> <em style="mso-bidi-font-style: normal">Aro, aro…</em></p>
<p class="MsoNormal" style="MARGIN: 0cm 0cm 0pt 36pt; TEXT-INDENT: -18pt; TEXT-ALIGN: justify; mso-list: l0 level1 lfo1; tab-stops: list 36.0pt"><span style="mso-list: Ignore">–<span style="FONT: 7pt 'Times New Roman'">&#160;&#160;&#160;&#160;&#160;&#160;&#160;</span></span> <em style="mso-bidi-font-style: normal">¿Y ahora qué? ¿De qué va a viví ésta? Eso es como si a Paris Hilton le das nuestra vida…</em></p>
<p class="MsoNormal" style="MARGIN: 0cm 0cm 0pt; TEXT-ALIGN: justify">&#160;</p>
<p class="MsoNormal" style="MARGIN: 0cm 0cm 0pt; TEXT-INDENT: 18pt; TEXT-ALIGN: justify">Ahí acabó la escucha. La nueva clientela que entraba me privó de deleitarme algo más con semejante discurso de macho ibérico con todos sus atributos sexuales, sociales, económicos y culturales. ¿Es este el hombre de nuestro tiempo? La respuesta, queridos míos, está en los bares.</p>
<p class="MsoNormal" style="MARGIN: 0cm 0cm 0pt; TEXT-INDENT: 18pt; TEXT-ALIGN: justify">
POST SCRIPTUM: No dejen de pensar en ese aforismo final sobre Paris Hilton, les aseguro que les dará para reflexionar muchísimo.</p>
</div>
<div></div>
]]></content:encoded>
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		<item>
		<title>El mundo</title>
		<link>http://fritanga.blog.com/2008/12/21/el-mundo/</link>
		<comments>http://fritanga.blog.com/2008/12/21/el-mundo/#comments</comments>
		<pubDate>Sun, 21 Dec 2008 09:11:50 +0000</pubDate>
		<dc:creator></dc:creator>
		
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		<description><![CDATA[<p class="MsoNormal" style="MARGIN: 0cm 0cm 0pt; TEXT-INDENT: 35.4pt; TEXT-ALIGN: justify">Cuando era pequeño, viví con mis padres en un piso a las afueras de la ciudad, una barriada de bloques con vistas a campos de jaramagos a los que habían ido a parar jóvenes parejas. Los maridos eran esforzados obreros que una noche sorprendieron a sus mujeres balanceando el llavero del <span style="mso-spacerun: yes">&#160;</span>que colgaba el sueño del hogar propio. Poco a poco, fueron llegando los modestos vehículos a unas calles sin asfaltar, y el silencio polvoriento de las escaleras, aún con las huellas de los últimos albañiles que anduvieron por allí, se fue difuminando a golpe de gritos infantiles y de besos emocionados bajo los dinteles de las puertas recién abiertas.</p>
<p class="MsoNormal" style="MARGIN: 0cm 0cm 0pt; TEXT-INDENT: 35.4pt; TEXT-ALIGN: justify">Mi primera visión del mundo fue ésta. Como por ensalmo, la vida se fue conformando con pequeños hitos que, vistos desde esta atalaya que ahora me acoge, vaticinaban de forma miniaturizada los claroscuros del orbe de los adultos. La intimidad, el miedo, la felicidad, la violencia, la ilusión, el amor, la envidia, la maldad, la avaricia, etc., todo, en diversas manifestaciones, estaba ya sobre las aceras, en las ventanas, en los huecos de las escaleras y bajo el cielo que yo oteaba desde la azotea.</p>
<p class="MsoNormal" style="MARGIN: 0cm 0cm 0pt; TEXT-INDENT: 35.4pt; TEXT-ALIGN: justify">Sobre esto va <em style="mso-bidi-font-style: normal">El mundo</em> <span style="mso-spacerun: yes">&#160;</span>de Juan José Millás, autor que si bien siempre he admirado como articulista, nunca ha estado entre mis novelistas preferidos. Su novela ofrece una reflexión sobre la identidad, sobre los aspectos determinantes de nuestra primera educación sentimental y sobre el momento en el que dejamos de ser nosotros para convertirnos en algo que ya no controlamos, tal vez expuestos al arbitrio del destino y a la pintura que nos aplican los otros para esconder el verdadero color plomo que hay debajo de nuestras brillantes galas de soldadito.</p>
<p class="MsoNormal" style="MARGIN: 0cm 0cm 0pt; TEXT-INDENT: 35.4pt; TEXT-ALIGN: justify">¿Existe algún tipo de épica en la infancia? ¿Se puede hacer algo con unos recuerdos que tienen más que ver con un <em><span style="mso-bidi-font-weight: bold">patchwork</span></em> <span style="mso-bidi-font-style: italic; mso-bidi-font-weight: bold">trabajado con un hilo muy fino que con un trozo de mármol en bruto del que extraeremos el busto del emperador? Todo depende, ya no sólo de lo vivido, sino del talento del <em>storyteller</em>. Sin ir más lejos, el otro día le pregunté a una adolescente que cuál era su primer recuerdo. La joven entornó los ojos mientras miraba hacia el suelo: “En mi casa, cuando yo era muy pequeña, había un dálmata de porcelana que me sacaba una cabeza. Me llevé dos años sentada junto a él a la espera de que me hablara”. Creo que ahí hay una metáfora de la memoria de la infancia, una memoria que está relacionada con lo fabuloso, la magia, la habilidad de nuestra búsqueda entre los cajones y del dálmata que cada uno recuerda.</span></p>

]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<div>
<p class="MsoNormal" style="MARGIN: 0cm 0cm 0pt; TEXT-INDENT: 35.4pt; TEXT-ALIGN: justify">Cuando era pequeño, viví con mis padres en un piso a las afueras de la ciudad, una barriada de bloques con vistas a campos de jaramagos a los que habían ido a parar jóvenes parejas. Los maridos eran esforzados obreros que una noche sorprendieron a sus mujeres balanceando el llavero del <span style="mso-spacerun: yes">&#160;</span>que colgaba el sueño del hogar propio. Poco a poco, fueron llegando los modestos vehículos a unas calles sin asfaltar, y el silencio polvoriento de las escaleras, aún con las huellas de los últimos albañiles que anduvieron por allí, se fue difuminando a golpe de gritos infantiles y de besos emocionados bajo los dinteles de las puertas recién abiertas.</p>
<p class="MsoNormal" style="MARGIN: 0cm 0cm 0pt; TEXT-INDENT: 35.4pt; TEXT-ALIGN: justify">Mi primera visión del mundo fue ésta. Como por ensalmo, la vida se fue conformando con pequeños hitos que, vistos desde esta atalaya que ahora me acoge, vaticinaban de forma miniaturizada los claroscuros del orbe de los adultos. La intimidad, el miedo, la felicidad, la violencia, la ilusión, el amor, la envidia, la maldad, la avaricia, etc., todo, en diversas manifestaciones, estaba ya sobre las aceras, en las ventanas, en los huecos de las escaleras y bajo el cielo que yo oteaba desde la azotea.</p>
<p class="MsoNormal" style="MARGIN: 0cm 0cm 0pt; TEXT-INDENT: 35.4pt; TEXT-ALIGN: justify">Sobre esto va <em style="mso-bidi-font-style: normal">El mundo</em> <span style="mso-spacerun: yes">&#160;</span>de Juan José Millás, autor que si bien siempre he admirado como articulista, nunca ha estado entre mis novelistas preferidos. Su novela ofrece una reflexión sobre la identidad, sobre los aspectos determinantes de nuestra primera educación sentimental y sobre el momento en el que dejamos de ser nosotros para convertirnos en algo que ya no controlamos, tal vez expuestos al arbitrio del destino y a la pintura que nos aplican los otros para esconder el verdadero color plomo que hay debajo de nuestras brillantes galas de soldadito.</p>
<p class="MsoNormal" style="MARGIN: 0cm 0cm 0pt; TEXT-INDENT: 35.4pt; TEXT-ALIGN: justify">¿Existe algún tipo de épica en la infancia? ¿Se puede hacer algo con unos recuerdos que tienen más que ver con un <em><span style="mso-bidi-font-weight: bold">patchwork</span></em> <span style="mso-bidi-font-style: italic; mso-bidi-font-weight: bold">trabajado con un hilo muy fino que con un trozo de mármol en bruto del que extraeremos el busto del emperador? Todo depende, ya no sólo de lo vivido, sino del talento del <em>storyteller</em>. Sin ir más lejos, el otro día le pregunté a una adolescente que cuál era su primer recuerdo. La joven entornó los ojos mientras miraba hacia el suelo: “En mi casa, cuando yo era muy pequeña, había un dálmata de porcelana que me sacaba una cabeza. Me llevé dos años sentada junto a él a la espera de que me hablara”. Creo que ahí hay una metáfora de la memoria de la infancia, una memoria que está relacionada con lo fabuloso, la magia, la habilidad de nuestra búsqueda entre los cajones y del dálmata que cada uno recuerda.</span></p>
</div>
<div></div>
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		<title>“A perfect day”</title>
		<link>http://fritanga.blog.com/2008/12/17/%e2%80%9ca-perfect-day%e2%80%9d/</link>
		<comments>http://fritanga.blog.com/2008/12/17/%e2%80%9ca-perfect-day%e2%80%9d/#comments</comments>
		<pubDate>Wed, 17 Dec 2008 19:50:04 +0000</pubDate>
		<dc:creator></dc:creator>
		
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		<description><![CDATA[<p class="MsoNormal" style="MARGIN: 0cm 0cm 0pt; TEXT-INDENT: 35.4pt; TEXT-ALIGN: justify">Esta mañana me levanté temprano. Mientras me anudaba los cordones de los zapatos, descubrí entre los libros de una de las baldas bajas de mi biblioteca uno que contenía conversaciones entre el editor Giulio Einaudi y Severino Cesari. Éste volumen, tal como mostraba el calendario que había usado como marca páginas, llevaba descansado allí desde, más o menos, el 2004. Decidí que sería el que me acompañaría al trabajo, pues había decidido que hoy iría en bus.<span style="mso-spacerun: yes">&#160;</span></p>
<p class="MsoNormal" style="MARGIN: 0cm 0cm 0pt; TEXT-INDENT: 35.4pt; TEXT-ALIGN: justify">Sólo viajábamos el conductor y yo. Caronte estaba manifiestamente borracho: su conducción era algo rápida y sus comentarios a los otros vehículos que le adelantaban estaban rematados con poca elegancia. Ante el evidente peligro, decidí abrir el libro en cuya<span style="mso-spacerun: yes">&#160;</span> portada se puede ver a Einaudi de perfil en actitud de conferenciante que rebusca entre las notas de una mesa. “Me viene a la memoria Cesare Pavese, redactor de la editorial, que por la mañana, después de un bombardeo de Turín, acude a trabajar, entre escombros, y limpia el polvo de la mesa de despacho”.<span style="mso-spacerun: yes">&#160;</span> Me encuentro con esta cita y pienso Gus de Teresa, amigo sin epíteto posible, que siempre me habló de lo armónico de las coincidencias y de las líneas convergentes que cifran nuestras vidas. Pienso luego que ayer mismo, tras un año de pérdidas irreparables y dolorosas, pero también de hallazgos maravillosos, opté por soplar el polvo de mi mesa y ponerme otra vez a harinar fritangas. Era un buen comienzo para el día que se preparaba.</p>
<p class="MsoNormal" style="MARGIN: 0cm 0cm 0pt; TEXT-INDENT: 35.4pt; TEXT-ALIGN: justify">Más tarde, asistí a un centro educativo de las míticas 3000 viviendas sociales de mi ciudad para ver el uso de la literatura oral en el ámbito gitano. Me recibió el director. Coloqué el libro sobre la mesa de su despacho y, mientras que explicaba en qué consistía todo aquello, cotejé su rostro con el del editor italiano: no había duda, se trataba de Einaudi. De nuevo Gus. Perplejo aún, lo seguí hasta el aula donde niños gitanos hacían un corro alrededor de él. Hacía tiempo que no veía nada parecido: el auditorio oía entusiasmado una historia salpicada de palabras en caló que el contador le había escuchado a una anciana gitana (la autoridad literaria ante todo). No sé por qué, pero había algo de encantador en su voz y su pose. El respeto de los críos hacia este hombre me llevó a pensar en Stevenson rodeado por los aborígenes samoanos que los escuchaban narrar historias con devoción. No sin motivos le llamaron, tal como reza en su tumba, “Tusitala”, el contador de historias.</p>
<p class="MsoNormal" style="MARGIN: 0cm 0cm 0pt; TEXT-INDENT: 35.4pt; TEXT-ALIGN: justify">Volví a casa, compré <?xml:namespace prefix = st1 ns = "urn:schemas-microsoft-com:office:smarttags" /?>
La Vanguardia e hice un caldo excelente. “A perfect day”.</p>

]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<div>
<p class="MsoNormal" style="MARGIN: 0cm 0cm 0pt; TEXT-INDENT: 35.4pt; TEXT-ALIGN: justify">Esta mañana me levanté temprano. Mientras me anudaba los cordones de los zapatos, descubrí entre los libros de una de las baldas bajas de mi biblioteca uno que contenía conversaciones entre el editor Giulio Einaudi y Severino Cesari. Éste volumen, tal como mostraba el calendario que había usado como marca páginas, llevaba descansado allí desde, más o menos, el 2004. Decidí que sería el que me acompañaría al trabajo, pues había decidido que hoy iría en bus.<span style="mso-spacerun: yes">&#160;</span></p>
<p class="MsoNormal" style="MARGIN: 0cm 0cm 0pt; TEXT-INDENT: 35.4pt; TEXT-ALIGN: justify">Sólo viajábamos el conductor y yo. Caronte estaba manifiestamente borracho: su conducción era algo rápida y sus comentarios a los otros vehículos que le adelantaban estaban rematados con poca elegancia. Ante el evidente peligro, decidí abrir el libro en cuya<span style="mso-spacerun: yes">&#160;</span> portada se puede ver a Einaudi de perfil en actitud de conferenciante que rebusca entre las notas de una mesa. “Me viene a la memoria Cesare Pavese, redactor de la editorial, que por la mañana, después de un bombardeo de Turín, acude a trabajar, entre escombros, y limpia el polvo de la mesa de despacho”.<span style="mso-spacerun: yes">&#160;</span> Me encuentro con esta cita y pienso Gus de Teresa, amigo sin epíteto posible, que siempre me habló de lo armónico de las coincidencias y de las líneas convergentes que cifran nuestras vidas. Pienso luego que ayer mismo, tras un año de pérdidas irreparables y dolorosas, pero también de hallazgos maravillosos, opté por soplar el polvo de mi mesa y ponerme otra vez a harinar fritangas. Era un buen comienzo para el día que se preparaba.</p>
<p class="MsoNormal" style="MARGIN: 0cm 0cm 0pt; TEXT-INDENT: 35.4pt; TEXT-ALIGN: justify">Más tarde, asistí a un centro educativo de las míticas 3000 viviendas sociales de mi ciudad para ver el uso de la literatura oral en el ámbito gitano. Me recibió el director. Coloqué el libro sobre la mesa de su despacho y, mientras que explicaba en qué consistía todo aquello, cotejé su rostro con el del editor italiano: no había duda, se trataba de Einaudi. De nuevo Gus. Perplejo aún, lo seguí hasta el aula donde niños gitanos hacían un corro alrededor de él. Hacía tiempo que no veía nada parecido: el auditorio oía entusiasmado una historia salpicada de palabras en caló que el contador le había escuchado a una anciana gitana (la autoridad literaria ante todo). No sé por qué, pero había algo de encantador en su voz y su pose. El respeto de los críos hacia este hombre me llevó a pensar en Stevenson rodeado por los aborígenes samoanos que los escuchaban narrar historias con devoción. No sin motivos le llamaron, tal como reza en su tumba, “Tusitala”, el contador de historias.</p>
<p class="MsoNormal" style="MARGIN: 0cm 0cm 0pt; TEXT-INDENT: 35.4pt; TEXT-ALIGN: justify">Volví a casa, compré <?xml:namespace prefix = st1 ns = "urn:schemas-microsoft-com:office:smarttags" /?><br />
La Vanguardia e hice un caldo excelente. “A perfect day”.</p>
</div>
<div></div>
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		<item>
		<title>¿Pueden los poetas pelar rábanos?</title>
		<link>http://fritanga.blog.com/2008/12/16/%c2%bfpueden-los-poetas-pelar-rabanos/</link>
		<comments>http://fritanga.blog.com/2008/12/16/%c2%bfpueden-los-poetas-pelar-rabanos/#comments</comments>
		<pubDate>Tue, 16 Dec 2008 20:47:43 +0000</pubDate>
		<dc:creator></dc:creator>
		
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		<description><![CDATA[<p class="MsoNormal" style="MARGIN: 0cm 0cm 0pt; TEXT-INDENT: 35.4pt; TEXT-ALIGN: justify">El afamado cuestista J., habitante de <?xml:namespace prefix = st1 ns = "urn:schemas-microsoft-com:office:smarttags" /?>
la City y amigo, ha desgranado durante dos meses sus saberes de cultor de musas narrativas entre un campo apenas arado de escritores en ciernes o a media jornada. Sus alumnos, teniendo en común inquietudes literarias similares,<span style="mso-spacerun: yes">&#160;</span> se diferenciaban en su particular forma de peinarse el cabello. Cabezas que ofrecían una variada muestra de trabajos de peluquería (pelo cardado, mechas caseras, mustios tupés, calvas oceánicas, doble ración de laca sobre permanente nacional católica) se movieron durante semanas al ritmo que marcó la sabia batuta de J.</p>
<p class="MsoNormal" style="MARGIN: 0cm 0cm 0pt; TEXT-INDENT: 35.4pt; TEXT-ALIGN: justify">Ya en las postrimeras sesiones del curso, se pudo observar el afecto que le comenzaban a profesar los discípulos al maestro. Por ello, las despedidas de la jornada se hacían a golpe de cerveza en un bar de copas cercano a la biblioteca donde se impartía el taller. Gracias a la invitación de J., L. y servidor pudimos asistir a su penúltima clase, dándonos la oportunidad de oír a unos alumnos entusiastas opinar sobre el hecho literario.</p>
<p class="MsoNormal" style="MARGIN: 0cm 0cm 0pt; TEXT-INDENT: 35.4pt; TEXT-ALIGN: justify">Lo que más me llamó la atención fue observar a un señor mayor, curtido (como allí mismo se pudo comprobar) en mil batallas líricas, dedicarle un poema panegírico a J. Exactamente se trataba de un soneto pespunteado por el acróstico (nombre y primer apellido) de su admirado instructor. Leído allí en voz alta, ante la sorpresa del público ajeno que ocupaba mesas aledañas, el poema intentaba hacer justicia al trabajo de mi amigo. Para otra ocasión dejo el comentario literario de la pieza, aunque he de reconocer que me hice distraídamente con el papel que la contenía para cerciorarme de que los versos no eran todos endecasílabos. Justo después de la lectura, el poeta sacó de una bolsa unos paquetes de papel de aluminio que contenían diversos productos del cerdo y una fiambrera que daba cobijo a unos rábanos que él mismo había pelado. Previamente se había acercado a la barra para apuntarle al joven que la atendía el hecho de que no hubiera tapas en el local y así justificar tal despliegue de medios.</p>
<p class="MsoNormal" style="MARGIN: 0cm 0cm 0pt; TEXT-INDENT: 35.4pt; TEXT-ALIGN: justify">Todo ello me llevó a reflexionar acerca de lo doméstico de la literatura, de cómo seguramente en la Arcadia clásica las Galateas se hartaron de comer los rábanos que bellos pífanos pelaban como muestra de amor. ¿Existe acaso algo más sincero?</p>

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<p class="MsoNormal" style="MARGIN: 0cm 0cm 0pt; TEXT-INDENT: 35.4pt; TEXT-ALIGN: justify">El afamado cuestista J., habitante de <?xml:namespace prefix = st1 ns = "urn:schemas-microsoft-com:office:smarttags" /?><br />
la City y amigo, ha desgranado durante dos meses sus saberes de cultor de musas narrativas entre un campo apenas arado de escritores en ciernes o a media jornada. Sus alumnos, teniendo en común inquietudes literarias similares,<span style="mso-spacerun: yes">&#160;</span> se diferenciaban en su particular forma de peinarse el cabello. Cabezas que ofrecían una variada muestra de trabajos de peluquería (pelo cardado, mechas caseras, mustios tupés, calvas oceánicas, doble ración de laca sobre permanente nacional católica) se movieron durante semanas al ritmo que marcó la sabia batuta de J.</p>
<p class="MsoNormal" style="MARGIN: 0cm 0cm 0pt; TEXT-INDENT: 35.4pt; TEXT-ALIGN: justify">Ya en las postrimeras sesiones del curso, se pudo observar el afecto que le comenzaban a profesar los discípulos al maestro. Por ello, las despedidas de la jornada se hacían a golpe de cerveza en un bar de copas cercano a la biblioteca donde se impartía el taller. Gracias a la invitación de J., L. y servidor pudimos asistir a su penúltima clase, dándonos la oportunidad de oír a unos alumnos entusiastas opinar sobre el hecho literario.</p>
<p class="MsoNormal" style="MARGIN: 0cm 0cm 0pt; TEXT-INDENT: 35.4pt; TEXT-ALIGN: justify">Lo que más me llamó la atención fue observar a un señor mayor, curtido (como allí mismo se pudo comprobar) en mil batallas líricas, dedicarle un poema panegírico a J. Exactamente se trataba de un soneto pespunteado por el acróstico (nombre y primer apellido) de su admirado instructor. Leído allí en voz alta, ante la sorpresa del público ajeno que ocupaba mesas aledañas, el poema intentaba hacer justicia al trabajo de mi amigo. Para otra ocasión dejo el comentario literario de la pieza, aunque he de reconocer que me hice distraídamente con el papel que la contenía para cerciorarme de que los versos no eran todos endecasílabos. Justo después de la lectura, el poeta sacó de una bolsa unos paquetes de papel de aluminio que contenían diversos productos del cerdo y una fiambrera que daba cobijo a unos rábanos que él mismo había pelado. Previamente se había acercado a la barra para apuntarle al joven que la atendía el hecho de que no hubiera tapas en el local y así justificar tal despliegue de medios.</p>
<p class="MsoNormal" style="MARGIN: 0cm 0cm 0pt; TEXT-INDENT: 35.4pt; TEXT-ALIGN: justify">Todo ello me llevó a reflexionar acerca de lo doméstico de la literatura, de cómo seguramente en la Arcadia clásica las Galateas se hartaron de comer los rábanos que bellos pífanos pelaban como muestra de amor. ¿Existe acaso algo más sincero?</p>
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