Canallas subvencionados
Vargas Llosa escribe en las bibliotecas. Qué suerte. Al menos eso es lo que asegura El País en su suplemento cultural Babelia del sábado pasado. En la fotografía aparece en la New York Public Library inquiriendo a los libros que maneja noticias sobre Roger Casement, un irlandés del siglo XIX que luchó contra el colonialismo en el Congo y en Perú.
No puedo creer que el candidato al Nobel no tenga un amplio estudio iluminado por una claraboya en Manhattan, con una chaise longue verdegay, parqué de roble canadiense y un amplio escritorio de caoba en el que se reflejen los rojizos perfiles de su talento. Lo que es absolutamente seguro que no tiene es una academia de flamenco que torture su magín y su paciencia hasta la extenuación. En mi caso, sí; por ello corro a la Public Library de mi ciudad, edificio de Cruz y Ortiz que nada tiene que ver —ni por glamour ni por iluminación— con la biblioteca neoyorquina, en donde bellas lámparas de mesa iluminan el camino de la sapiencia de cientos de lectores al día, mientras que en mi ciudad la paupérrima luz que se cuela por unos ventanales mal dispuestos hace que el personal conviva con la cultura entre las tinieblas.
En fin, todo esto viene porque este fin de semana (Valle del Esgueva, campos de amapolas y mieses aguardando dorarse con el sol del verano) mi amigo G. me narró algo que puede dar la réplica actual a lo que el escritor peruano está perpetrando con desvelo burgués. Se trata de una edificante historia sobre qué van a hacer los constructores audaces con el fin de lo que se ha dado en llamar “la época de los coches gordos”. Pues sencillo: se marchan a África a cultivar granos de biodiésel potencial por varios motivos. Así, con estas lindas palabritas, se lo desgranó un joven facha, vestido de joven facha, hablando como un joven facha, al bueno de G.:
1º) “Porque la UE ofrece subvenciones a los empresarios que cultiven en países del tercer mundo el preciado cereal para biocarburante”
2º) “porque la UE ofrece subvenciones a los empresarios que creen empleo en el tercer mundo”
3º) “porque, incluso, algunos gobiernos africanos reservan ayudas a las empresas europeas que se afinquen allí para la cruzada ecológica”
4º) “porque, con toda la tierra que hay allí, los explotamos 6 ó 7 años, dejamos sus tierras yermas y nos vamos para otro sitio; será por tierras”
5º) “porque, chatachán, así nos quitamos a unos cuantos negros de encima, ya que así se quedan en sus putos países y no vienen a joder el nuestro”
6º) “y porque he calculado que en un año y medio me hago con 60 kilos”
En estos términos tan edificantes y bien planteados se expresaba el canalla. Creo que ni Conrad hubiera imaginado que con tan pocas palabras se podría hacer un catálogo de perversidades tan bien detallado. En esta nueva reedición del colonialismo europeo del XIX parecen que vuelven a ponerse de moda términos como negrero, esclavista, plantador, hacendado, etc. Algunos de los antiguos explotadores, ayudados por ejércitos sanguinarios, pertenecían a grandes empresas dirigidas por aristócratas desde sus palacios. Ahora, cualquier hijo de vecino puede emularlos. Se trata de la democratización de la usura y la infamia.
En el tejado de un edificio de Ferrol, las gaviotas pespuntean con sus picos las láminas de pizarra que cobijan los cruasanes que le gustan a V., las cajas de zapatos bien apiladas de E. y los sueños de ambos. El salón de este hogar tiene forma de buhardilla. Está iluminado por una claraboya desde donde se otean las tormentas que cruzan la ciudad, y también esas gaviotas que las barren con sus melopeyas surrealistas y oceánicas.
Vila-Matas, como acostumbra a hacer, desgranó un discurso autorreferencial, llegando a fusilar por completo un artículo propio en un Babelia de noviembre del año pasado (como ya hiciera en su famoso Bartleby y compañía con una cita de Borges sin entrecomillar). Sospecho que lo que nos encajó será el primer capítulo de un libro sobre los escritores que esperan o sobre cómo se hace una novela cocinada en la parrilla de su barbacoa. Nombres como Gracq, Robert Walser, Rimbaud, Nerval, Magris, Musil, Ribeyro, da Cunha (apellido que el catalán pronunció como da Cuna), Pessoa, etc. sirvieron para dar el tono a un discurso que proponía una poética de la novela para el siglo XXI. Para él, la poesía y el estilo tienen que primar por encima de la trama. Me resulta llamativa esta apuesta por la música narrativa cuando, sólo con un mero paseo por las casetas de la feria, se puede observar que el comprador medio se hace con títulos en los que prima el macramé tosco de enredos medievales por encima del dorado perfil de la seda del estilo.
y jadeantes por la lluvia y las prisas, ambos miraban impacientes las calles inacabables por el cine de la luna del vehículo, empapados por la fina lluvia que antes caló sus huesos, pero no hizo más que clarificar sus ideas y buscar sitio para dar fin a sus almacenes de adrenalina [sic y el subrayado es mío, claro]).